Hizo un curso con el cocinero vasco Karlos Arguiñano, pero dice que lo vio dos veces
17 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Vino a España con una beca para hacer medicina forense. Pero decidió ponerse a trabajar y derivó sus estudios hacia otra anatomía: los alimentos. Mariza Susana Drullard (48 años) es natural de la República Dominicana y lleva unos 20 años viviendo en Vigo. Hizo cursos de cocina, hasta que se convirtió en jefa de cocina con todos los honores. Trabaja en el restaurante Lizarrán en Carrefour. «En mi país nunca freí un huevo, pero aquí soy chef en un restaurante», afirma sonriendo.
En Santo Domingo solía ayudar a su madre en una «tiendecita» que tenía de venta de ropa. «Viajábamos a Curasao, Haití y otros lugares, como Puerto Rico, para comprar toda clase de vestimenta y luego la vendíamos en la tienda de mi madre».
Dice que tiene tres hermanos viviendo en Washington. Ella estaba a punto de comenzar la universidad, cuando decidió emigrar para iniciar su carrera de forense. «Pero necesitaba ganar dinero, para mandarle algo a mi madre, y me puse a trabajar. Total que perdí la beca y dejé la medicina, para dedicarme a la cocina.
Su primer empleo fue en una conocida hamburguesería de Madrid. Pasó unos 9 años antes de encaminar sus pasos hacia Vigo. «Una vez aquí, hice un curso de concina en la Escuela de Hostelería Harina Blanca. Estuve empleada de cocinera en el Hospital Xeral. Luego fui rondando por algunos restaurantes, como el Etnias o el Puesto Piloto. También trabajé para unas amistades en Bouzas», explica.
Asegura que se le da bien lo de cocinar, aunque en Santo Domingo no tenía experiencia alguna con los fogones. «Es una vergüenza que no supiese hacer las comidas de mi país, pero es que no me movía entre las ollas, sino que me dedicaba a ayudar a mi madre a vender la ropa», señala. «Un plato típico de allá es la bandera dominicana, que se hace con arroz, habichuelas guisadas, carne, pollo y plátano frito», añade.
Bromea al afirmar que «ahora ya no hay quien me meta mano en la cocina, pero en Santo Domingo no tenía idea».
Decoración
A Mariza le gusta seguir estudiando y avanzando en sus conocimientos como chef. «Me encanta la decoración de los platos y todo lo que tiene que ver con la cocina en general, por lo que sigo haciendo cursillos y perfeccionándome», afirma.
Dice que admira a los cocineros vascos. Incluso hizo un curso con Arguiñano, aunque puntualiza que «con él estuve poco, por lo que no sé si es tan gracioso como en la televisión. Los que me dieron las clases de cocina fueron sus profesores. Al chef vasco solo lo vi entrar y salir dos veces». Asegura que más que aprender en estos cursillos, lo que coge es experiencia y sobre todo por el hecho de haber pasado por la cocina de distintos restaurantes.
Lleva tres años en el Lizarrán y afirma sentirse muy a gusto. «No sé si será un paso más en mi camino o si me quedaré definitivamente», señala. «Aquí hacemos de todo, hasta tenemos plato del día. Por ejemplo, tortilla de patatas rellenas con jamón y queso. También una sopa al estilo Lizarrán, un revuelto de gambas y espaguetis», comenta. Cuenta con dos cocineros más que la ayudan en su faena. Suele hacer una jornada de diez horas (de 10 a 16.00 horas y de 20.00 a 23.00 horas).
«He tenido muy buenas ofertas para cocinar en Baiona y Nigrán, pero tenía que utilizar mucho el coche, por lo que he preferido quedarme aquí cerca de donde vivo», manifiesta.
Está casada con un ferroviario y tiene tres hijos (dos mujeres). «Mi hijo también es chef y trabaja en un restaurante de Barcelona. Una hija es profesora de enseñanza especial y la otra hija es estilista y está empleada en una peluquería», indica.
De la gastronomía gallega, asegura que le encanta el pulpo estilo feira. «Además me enseñó a hacerlo una señora de O Carballiño, que era mi ayudante en Etnias», afirma. Y también le gusta mucho el cocido.
Es una cocinera a la que le entusiasma innovar y ofrece la receta para una comida ligera. Se llama niño envuelto y lo hace con hojas de repollo cocido, rellenas de carne picada y guisada, junto con huevo. Lo mete al horno y está para chuparse los dedos.