Un gallo de pelea adoptado por los celtas

La Voz

LUGO CIUDAD

Ni del Mos de Lugo ni del de Pontevedra, en realidad el origen más remoto de la gallina retrocede hasta la época de los celtas. Según recuerdan los criadores y la asociación Avimós, estos antiguos pobladores de Galicia fueron los responsables de que esta variedad se extendiese debido a su gusto por las peleas de gallos. La rapidez de cría de la especie y la bravura de los machos favoreció sus expectativas. En la actualidad, la fiereza de los gallos es un problema añadido a la cría, que obliga a los responsables de las granjas a separar a los ejemplares para que no se produzcan enfrentamientos entre ellos. «Nunha ocasión tiven que separar a dous porque estaban a piques de matarse a picotazos. Poden ser perigosos entre eles e xunto as galiñas teño só tres, a media boa é dun galo por cada 20 galiñas», apunta uno de los criadores de Mos. Para seleccionar los mejores ejemplares para la cría, tiene en cuenta aspectos como el plumaje, que debe ser brillante y sin plumas blancas, un defecto que se considera grave. «As veces nace algún albino totalmente, pero non é habitual da raza, que ten moito colorido na plumaxe», recuerda Manuel Rodríguez.