Entre los tres suman más de un siglo de experiencia en el mundo fútbol. En sus manos están actualmente más de mil chavales que, en diferentes categorías, buscan una gloria futura que casi nunca llega. Por eso, los tres se empeñan en destacar la labor que desarrollan más allá de los números. Ese factor es al que apelan muchas veces, ante la imposibilidad de ofrecer unas instalaciones en condiciones. «Viajas y ves equipos modestos, que mueven muchos menos deportistas y tienen unas instalaciones impresionantes, a nosotros lo que nos queda es apelar al factor humano porque las nuestras son pobrísimas y están en estado muy precario», afirma Raimundo Sendino, el responsable de la estructura deportiva del Colegio Hogar. Su lamento es compartido y toma tintes reivindicativos.
«El nuestro fue el primer campo de hierba artificial que se hizo en Vigo y está obsoleto hace muchos años, no hay calificativos para algo que es completamente indigno», continúa Gustavo Loureiro, coordinador de las categorías inferiores del Rápido de Bouzas. «Nos supone muchos contratiempos, hay jugadores que no quieren venir aquí porque al tapete ese no podemos ni llamarlo césped».
Ni siquiera aquellos a los que les ha sonreido por fin la fortuna de la inversión, como el caso del Areosa, se esconden a la hora de hablar de un déficit histórico. «Después de treinta años nos han hecho el campo de hierba sintética pero todos los que estamos en esto sabemos que hay una línea divisoria histórica en Padrón; de ahí hacia el norte las instalaciones son de envidia, espectaculares, y hacia el sur son completamente deficitarias»,
Los niños como negocio
Los tiempos han cambiado mucho en un deporte que, hasta en su más tierna infancia, comienza a sucumbir al dinero y la fama. «A mí me preocupa mucho la mercantilización que desde hace unos años se está haciendo de los niños, no es de recibo que un crío de diez años tenga un agente, es impresentable y muy poco serio», añade tajante Ángel Viñas. Por eso, reiteran que los clubes deben cuidar al máximo la elección de los profesionales, que acaban realizando una labor también educativa e incluso lidiando con los padres. «El deseo de un padre que quiere levantar los brazos en el Bernabéu la transmite a su hijo, y nosotros no formamos para esa competitividad mal entendida».
Prefieren huir de los nombres y apellidos de posibles promesas futuras para recordar que, lejos de las cámaras y del negocio, el fútbol sigue fomentando valores como el esfuerzo, la convivencia o la solidaridad. «Son escasísimos los chavales que luego consiguen la profesionalidad por eso es mejor incidir en que esto es un juego y evitar futuros frustrados, que cada vez hay más», señala Raimundo Sendino del Colegio Hogar.