Dice que es bisnieto del músico y patriota gallego Castro Chané, y que seis dibujos de Orihas fueron su mejor pasaporte a Vigo
29 may 2008 . Actualizado a las 13:20 h.Llegó a Vigo hace 14 años por esos designios inescrutables del cielo. A un empresario vigués de viaje en La Habana le gustaron los dibujos en acuarela que le enseñó el cubano Luis Castro Enjamio (45 años). Hacían alusión a la religión afrocubana. Eran Orishas (deidades de la santería). Y tanto le entusiasmaron que le propuso que viniese a exponer aquí y así lo hizo.
Recuerda su proyecto de fin de estudios basado, precisamente, en la religión afrocubana, con el que le sucedió esta curiosa anécdota: «Portaba los dibujos en una carpeta transparente. Una señora me preguntó si era creyente y le respondí que no. Ella me dijo que, entonces, no tenía derecho a pintar Orishas. Se lo comenté a un pariente que sabe echar los caracoles para pronosticar la suerte. Me dijo que no le hiciese caso y que los siguiese pintando. Lo cierto es que esos seis dibujos fueron los que me permitieron a mí salir de Cuba y también con ellos había obtenido la máxima puntuación al proyecto presentado».
«Con esos cuadros pagué el pasaje y me quedé en Vigo», añade. Aún haría una segunda exposición antes de abandonar los pinceles y meterse de lleno en la ilustración, pasando a realizar en la actualidad animaciones en el ordenador. Acerca de su benefactor, afirma que se enfriaron las relaciones «porque él quería que yo regresase a mi país después de un año de estancia aquí, pero no le hice caso».
Castro es dibujante, ilustrador y diseñador de animaciones. Estudió durante nueve años pintura en el Instituto Superior de Arte y en la Escuela San Alejandro de la capital cubana. Se puso a trabajar como ilustrador gráfico en un colegio de La Habana y también como dibujante técnico. Dice que su madre es profesora en la universidad de Revolución de Cuba. «Mi madre (bromea) es una vaca vieja de la facultad porque aún no se ha jubilado. La tienen investigando», explica. Su padre es ingeniero mecánico y asegura que «no tengo noticias suyas desde hace bastante tiempo, además ya han pasado siete años desde la última vez que fui a Cuba».
Pero su aventura artística no resultó tan halagüeña como esperaba. Estuvo trabajando para distintas editoriales en Madrid. También ilustró un libro en Sevilla, y hasta probó fortuna en Barcelona, aunque en ese tiempo siguió colaborando con editoriales de aquí. «He decorado locales, hasta fui camarero, lo que hiciese falta con tal de no pasar hambre», afirma con cierto resquemor.
Tuvo su reconocimiento como ilustrador con un primero y un segundo premios a nivel nacional que le otorgó la Oepli (Organización Española para el Libro Infantil) en Madrid. Y bastantes problemas para cobrarle alguna deuda a determinados editores. La experiencia de Lisboa tampoco le resultó satisfactoria «porque eran unos chapuceros». «Ahora lavo coches porque ilustrando libros no me daban para comer». Pero también se dedica a realizar animaciones en páginas web. Es el nuevo campo artístico de quien dice ser bisnieto del destacado músico y patriota gallego Xosé Castro «Chané».