«Juzgan a todos los rumanos por los delitos de algunos»

Xulio Vázquez

VIGO

A sus 24 años ya se casó dos veces, padeció la muerte de sus dos únicos hijos y le acusaron de utilizar a uno para mendigar

09 abr 2008 . Actualizado a las 11:40 h.

Fue de los primeros inmigrantes rumanos que llegaron a Vigo hace una década. Mircea Drosu sólo tiene 24 años. Vino con sus padres y tres hermanos más. El cabeza de familia había trabajado en una importante fábrica de fundición de hierro en Resita (en el distrito sudoccidental de Rumanía, llamado Caras-Severin), de donde salió en su día la estructura de la torre Eiffel. Pero no se acostumbró a Vigo y se fue a Madrid sin Drosu, quien prefirió quedarse aquí.

Había visitado varias ciudades españolas, pero siempre ha tenido muy claro su preferencia por Vigo. No le atrajo la playa de Samil ni el marisco de la ría, sino el «buen trato que me dispensó la gente en aquellos años». Lo recuerda con nostalgia porque entonces tenía más puertas abiertas, y se le han ido cerrando con la misma celeridad que algunos de sus compatriotas comenzaron a delinquir. «Nos juzgan a todos los rumanos por los delitos que cometen algunos», dice con cierta resignación y lamento. Ahora, todo lo ve más complicado. Pero cuando visita a sus familia en Madrid (tiene una hermana más) les dice que se quiere ir para su casa. Creen que es a su tierra y, cuando empiezan a hablarle de ella, tiene que indicarles que se refería a Vigo. Desde que está aquí no ha vuelto a Rumanía, a pesar de alguna tragedia que ya la ha deparado la vida y de quedarse sin trabajo. «En alguno me hicieron la zancadilla y en otros me explotaron», dice.

Drosu sólo tiene ese apellido. Es muy normal en su país. También la forma de cómo y cuándo contrajo su primer matrimonio. Tenía 16 años y su esposa rumana 18. Se conocieron aquí. Lo hablaron entre los respectivos padres. Hubo consentimiento y ya se constituyeron en pareja de hecho. «Es una forma muy corriente de decir que estamos casados en nuestro país», asegura.

Lo que aún le duele no es la experiencia de haber pasado por una separación, sino el hecho trágico de que se le muriesen sus dos hijos (de 8 y 9 meses) y de la misma enfermendad: un virus. Pero él no lo cree así e incluso apunta a alguna negligencia médica. No duda en decir que «algunos médicos de aquí hacen muchas experiencias con los hijos de los extranjeros».

Casi le cuesta ir a la cárcel por trasladar a uno de sus hijos de un centro médico de Vigo al de La Paz de Madrid. «Decían que utilizaba a mi hijo para mendigar», afirma. Tuvo que presentarle a la policía el justificante del alta médica del niño bajo su responsabilidad. «Hay muy buenos médicos, pero también otros que no merecen estar ahí. A los hijos de los inmigrantes no los tratan tan bien porque casi nunca denunciamos», concluye.