En Vigo viven ya 316.000 personas, 22.000 más de las que están censadas

Alberto Magro

VIGO

La fuga de censados se repite en otros grandes concellos del área, como Nigrán, O Porriño, Tui, A Guarda y Moaña

15 ene 2008 . Actualizado a las 13:47 h.

Vigo ya tiene más de 300.000 habitantes. La simbólica barrera que durante años ha frustrado las aspiraciones demográficas de Vigo ha caído. Y lo ha hecho por un amplio margen, porque en la ciudad viven ya 316.257 personas. Lo constata uno de los datos de población más fiables, el determinado por el número de personas que tienen tarjeta para ir al médico de la ciudad.

El problema es que esa estadística, que haría de Vigo la primera urbe gallega que se incorpora al club de las doce ciudades españolas con más de 300.000 habitantes, choca de frente con el censo oficial, en el que figuran 294.772 nombres. Ese desfase de 22.000 personas entre la cifra de ciudadanos que utilizan los servicios básicos de Vigo y la de personas que se han registrado como residentes oficiales de la urbe encuentra su explicación en la confluencia de dos factores: las ventajas económicas derivadas de empadronarse en concellos pequeños y la mayor calidad de la atención sanitaria de la ciudad.

La influencia de la presión fiscal está fuera de toda duda. De hecho, los concellos con impuestos y tasas más elevados sufren como Vigo la fuga de censados. Es el caso de Nigrán, A Guardia, Tui o la propia ciudad de Vigo. Solo hay que observar un impuesto tan común como el de vehículos para comprender el ahorro que supone fijar la residencia en el extrarradio: los 166 euros que cobran en Nigrán cada año por un coche de lujo o los 145 que cuesta en Vigo contrastan con los menos de 120 que cobran en municipios como A Cañiza o Covelo. Y lo mismo ocurre con tasas y cargas como el agua, la basura o el saneamiento.

A estas circunstancias, se unen otras de índole sentimental. Lo apuntaban los propios vecinos afectados, residentes de Vigo censados en localidades como Soutomaior o Pazos para poder ser así enterrados en el cementerio del pueblo o tener la opción de formar parte de las comunidades de montes. Y ahí, en los sentimientos, se acaba de esfumar la parte de los 300.000 habitantes que no se llevaron los impuestos y sus efectos en el bolsillo.