«No se vende nada: la mitad de la gente quedó empachada en las fiestas y la otra mitad, arruinada»

A. M.

VIGO

«Los bolsillos no están para marisco». Palabra de Loli Adán, la pescadera que regenta uno de los dos únicos puestos del mercado de O Calvario en los que ayer había algo más que espinas y branquias. Frente a la apuesta generalizada de la plaza por los pescados de precio asequible, en el mostrador de Loli resistían aún unos cuantos bruños y centollas. Entre ellos despuntaban también navajas de buen ver, bogavantes de tamaño generoso y algún que otro rodaballo de aspecto suculento, acompañados de almejas, cigalas, rapes y lenguados.

Pero ni el rodaballo arrasaba ni los bruños se hacían querer. La estrella del puesto y de la plaza era el jurel, como comentaba entre bromas la propia Loli: «La gente del mercado no está cogiendo marisco para sus puestos porque no lo venden. Traen pescaditos, que es lo que pide la clientela: xoubas y jureles, que está la cosa apretada», aseguraba con desparpajo Loli Adán, que reconoce no obstante que la Navidad fue buena. Y no solo porque a su padre le tocó la lotería, sino porque las ventas de marisco permitieron cerrar el año dándole gusto a la caja registradora.

«¿Dónde están mis clientas?»

«Pero todo se acaba. Todas las que el día 24 llamaban para que les guardase marisco, que eran muchas, ahora no sé dónde están. Espero que no se lo estén gastando todo en ropa», añadía entre risas, mientras respondía a las preguntas de los clientas. «¿A cuánto va el choco?», decía una. «¿Cómo están las xoubas?», inquiría otra. «Tranquilo, que por las centollas no pregunta nadie», remataba con buen humor Loli, antes de explicar que en enero y a media semana es muy difícil vender marisco de calidad. «Yo tengo todo producto de la ría, que sale muy bueno y de precio ahora está bien, pero la gente es difícil que compre un miércoles. Cuando más llevan es los viernes y sábados, para el fin de semana, que es cuando más mercancía traigo».

«Tengo la cartera temblando»

Aunque algunos no parecen dispuestos a comprar marisco ni en fin de semana. Como Marisa Filgueira, una vecina de Traviesas que confesaba que estas Navidades se pasó de frenada con los gastos. «Tengo la cartera temblando. Este año lo dejamos pasar y no compramos marisco unas semanas antes para congelar, así que acabamos cogiendo a última hora y se nos fue el presupuesto», apuntaba, antes de advertir de que «ahora toca ahorrar». «El marisco está mucho más barato, pero el sueldo ya no da para más, así que ahora llevo otro tipo de compra: chocos para hacerlos con arroz, unos gallitos, alguna dorada de criadero... Los lujos ya nos los dimos», sentencia Marisa, mientras en el puesto de flores de la plaza le dan la razón. «Este mes se vende poco de todo», cuenta la florista, consciente de que los bolsillo no están para marisco, pero tampoco para flores frescas.