Centenares de vecinos llenan cada semana las salas de juego de las casas culturales. Es el nuevo fenómeno social de la comarca y un filón para las comisiones de fiestas
26 oct 2007 . Actualizado a las 11:50 h.A las ocho de la tarde de un domingo cualquiera no es difícil observar a personas portando bolsas de la compra por la principal avenida de Baiona. No vienen del supermercado, sino del bingo. Es el nuevo fenómeno social que se vive en O Val Miñor.
Centenares de vecinos acuden cada semana a su cita con este juego de azar. Apuestas a cuarenta céntimos y los premios no son en metálico, sino en especies. Los que tienen más suerte se vuelven para casa con la compra hecha para toda la semana.
Los bingos comenzaron hace tres años de una manera tímida y hoy en día se han convertido en la principal alternativa de ocio para muchos vecinos de la comarca, la mayoría de ellos personas mayores, que no tienen muchas oportunidades de pasar el tiempo libre y relacionarse, al margen de la barra del bar o la telenovela.
La afición no para de crecer. Hoy en día hay bingos abiertos con carácter semanal en los centros culturales de Baiona, Baredo, Bahíña, San Pedro de A Ramallosa, Gondomar, Donas y Peitieiros. Y más que surgirán a lo largo de las próximas semanas porque estos encuentros con el azar tienen cada vez un mayor número de fieles.
Las comisiones de fiestas han encontrado así un verdadero filón. Ya no hace falta andar por las casas pidiendo donativos. Ahora organizan un bingo y con lo que se recauda durante el año da para las verbenas, las sardiñadas y hasta los fuegos artificiales. Y también invierten en investigación y desarrollo. Se acabó eso de sacar las bolitas de un bombo. La moda en O Val Miñor son los programas informáticos conectados a pantallas panorámicas a todo color.
Generosos
Todos los organizadores son generosos en los premios porque saben que es la forma de fidelizar a la clientela, pero tal vez el más famoso sea el de Peitieiros los sábados por la noche y domingos por la tarde. El otro día una señora cantó un bingo y se acabó llevando un jamón, un chorizo, cinco litros de leche, un kilo de azúcar, un bote de colacao, botellas de vino, queso, bacalao y galletas.
Las despensas de algunos vecinos ya tienen sal y azúcar para todo el año, papel higiénico para todo el mes y comen lentejas tres veces por semana como mínimo. «Pero sobre todo venimos a pasar un rato agradable y a olvidarnos de nuestras preocupaciones», comenta Montse Fernández, una vecina de Baiona que, tras tachar todos los números de su correspondiente cartulina, se lleva para casa café, leche, galletas y suavizante, entre otros productos.
El bingo cubre la escasa oferta de actividades de tiempo libre que son capaces de ofrecer los ayuntamientos. En Baiona, por ejemplo, los mayores echan en falta un local donde poder reunirse y organizar eventos para divertirse y enriquecerse culturalmente. «Porque no es suficiente con los bailes de los miércoles o con alguna excursión que hay de vez en cuando», comenta una vecina. Menos mal que tienen el bingo.