Aexcepción de las profundidades marinas, son muy pocos los lugares inexplorados en nuestro planeta. El ser humano casi siempre ha plasmado el interior de la tierra como algo oscuro, siempre relacionado con lo malo, con el demonio. Lejos de esta visión, las cuevas nos muestran grandes maravillas paisajísticas, comparables con las que nos encontramos en superficie.
La exploración de cuevas vírgenes constituye, en esencia, la actividad más emocionante a la que nos podemos enfrentar los espeleólogos. El ser humano es curioso por naturaleza, aunque cada vez menos, y en este deporte la exploración supone la esencia del descubrimiento. Es difícil expresar lo que sentimos, pero es posible que al explorar una cueva virgen, nuestras sensaciones sean similares a las que puede sentir un investigador ante un gran descubrimiento.