Decenas de miles de jóvenes disfrutaron del botellón y otros tantos romeros vivieron los ritos religiosos en Muxía.
12 sep 2011 . Actualizado a las 17:29 h.«Chova ou vente, a Barca sempre ten xente». Ni la lluvia ni el alcohol hicieron naufragar ayer A Barca de Muxía. Un año más, este punto de peregrinación mariana fue tomado por decenas de miles de personas con varios propósitos. Unos para vivir la tradición de los romeros y los otros para el desenfreno de la acampada libre y el botellón.
El jueves empezaron a llegar ya centenares de pandillas que se acomodaron en fincas, solares, jardines y plazas. El sábado a primera hora de la tarde el pueblo y sus alrededores ya estaban inundados de tiendas. Ayer de madrugada era imposible dormir en Muxía. Al ruido que armaban las tres orquestas contratadas por la comisión para prolongar la verbena hasta las nueve de la mañana se le añadieron numerosos chiringuitos establecidos en varios puntos de la localidad para armar fiestas particulares con pinchadiscos y bailarinas. Un policía local decía en tono jocoso que desde el jueves «Muxía foi un pobo sen lei», por el que miles de jóvenes deambulaban con grandes vasos de bebida en la mano de un lado para otro. Ayer al mediodía aún se podía ver a algunos de ellos tambaleándose por las calles, mientras otros recogían la tienda para regresar a casa.
La otra Barca la vivieron los también miles de romeros que ayer se apostaron en la ladera del monte Corpiño para seguir la misa. Como llovía tuvieron que recibir la comunión en el santuario, mientras los miembros de la banda de música permanecían al abrigo de las torres gemelas de la ermita. Otros intentaban infructuosamente abalar a pedra. La idea era que no saliese la procesión, pero los devotos insistieron y hubo que tapar la imagen de la Virgen con un plástico para evitar su deterioro. Comenzó la marcha, al son de Macarena, Saeta y Caridad del Guadalquivir con una solemnidad que llegó a emocionar a los participantes. La lluvia hizo apurar el paso, pero los músicos siguieron tocando.
En el puerto hubo traca, como es tradición. Todo el espigón cargado de pólvora, pero sonó más corta que de costumbre. Unos diez minutos, aunque el público aplaudió igual. Tras la última bomba, sonaron las atracciones y el jolgorio se reanudó.
Este año fue necesario redoblar la seguridad en A Barca de Muxía. El dispositivo establecido está formado por unas 200 personas, entre Policía Local, Guardia Civil, Tráfico, Protección Civil y operarios.