Los dramas de la India y BP sacan a la luz el turismo de catástrofes

Alfonso Andrade Lago
Alfonso Andrade REDACCIÓN/LA VOZ.

SOCIEDAD

En México es posible vivir la experiencia de quienes intentan pasar clandestinamente a EE.UU. por el desierto

29 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

«Vea usted mismo el petróleo de nuestras playas»

es el ingenioso y desafortunado eslogan de la compañía aérea estadounidense Spirit para vender más billetes de avión. Lanzó esta promoción, de excelente respuesta entre el público, a principios de verano, con los residentes en el golfo de México medio arruinados ya por las consecuencias del derrame de BP. La frase hace un juego de palabras con el término oil , que en inglés alude tanto al vertido como al bronceador.

Al otro lado de la frontera estadounidense, en México, las agencias promocionan una ruta nocturna por el desierto, que se inicia en el parque Ecoalberto. El objetivo de quienes participan en ella es vivir la experiencia de los mexicanos que tratan de cruzar ilegalmente la frontera de Estados Unidos. Tres mil personas se apuntaron a este programa los tres primeros años.

Son dos ejemplos actuales de una modalidad turística que consiste en visitar zonas devastadas por desastres naturales, que se alimenta exclusivamente del morbo y que gana adeptos con cada nueva tragedia, lo que empieza a convertirse en un problema.

El ejemplo más claro es el de las recientes lluvias monzónicas de la India, adonde empezaron a llegar turistas que no tardaron en autoproclamarse cooperantes. El embajador de España en el país asiático, Ion de la Riva, tuvo que arremeter públicamente contra ellos, porque «están obstaculizando los trabajos de los equipos de rescate y arriesgan inútilmente la vida» por la posibilidad de que se repitan las lluvias torrenciales. El mensaje es claro: el turista de catástrofes estorba.

Englobado dentro del denominado turismo oscuro o de aflicción, al que pertenecen asimismo el de cementerios o el de campos de batalla, recibió un notable impulso con el tsunami que arrasó Tailandia en el año 2004.

La agencia de viajes World Class On Tour ofreció de inmediato un paquete para recorrer en tres días la zona devastada, como consta en el trabajo Aproximación a la explotación turística del turismo de catástrofes, de los investigadores de la Universidade de Santiago Alberto Rey y Gonzalo Rodríguez. Según ellos, el recorrido «comenzaba por el célebre resort Khao Lak, que quedó en ruinas. Allí, los turistas ofrecían arroz y comida enlatada a los desesperados supervivientes». Continuaba con una visita a un templo cercano que, tras la tragedia, «fue convertido en improvisado depósito para miles de cadáveres». Los viajeros podían participar además «en un funeral y en una ceremonia budista en honor de los espíritus de los muertos». Y todo con la colaboración de la autoridad turística de Tailandia.

El Favela Tour , en Brasil, o el itinerario de Delhi (la India) en que un pequeño explica cómo sobrevive un niño en un medio absolutamente hostil son otros ejemplos actuales de turismo de catástrofes.