La revista alemana «Häuser» destaca su personalidad «suave, femenina y a veces ornamental sin caer ni una vez en lo kitsch»
Si se pregunta a un profano en la materia por un diseñador español, probablemente el subconsciente colectivo lo llevará a citar a Javier Mariscal. Sin embargo, aunque el valenciano ocupa un lugar privilegiado en el olimpo de la profesión, los focos apuntan a otra estrella, una mujer que salió del norte de España para acabar triunfando en la capital mundial del diseño.
Hace ya más de veinte años que Patricia Urquiola se estableció en Milán, donde terminó la carrera de Arquitectura y fue alumna de Achille Castiglioni, uno de los padres del diseño italiano. Entre 1990 y 1996 trabajó para la empresa De Padova con otra leyenda, Vico Magistretti, con quien desarrolló el sofá Loom y la silla Flower, entre otros objetos. En el 2001 abrió sus propio estudio y comenzó a firmar productos para las compañías más importantes: Alessi, B&B, Moroso, Molteni, Kartell...
Su estilo no pasó desapercibido y las principales publicaciones internacionales de diseño se rindieron a sus pies. Fue elegida diseñadora del año 2003 por Elle Deco y en el 2005 por la prestigiosa Wallpaper. Ahora es la revista alemana de decoración y arquitectura Häuser, otra de las biblias del sector, la que ha elegido a Urquiola como la mejor diseñadora de interiores de la primera década del siglo XXI.
Según el jurado, esta asturiana de ascendencia vasca consiguió «romper el minimalismo de los años noventa» y dar a sus diseños una nota «suave, femenina y a veces ornamental sin caer ni una vez en lo kitsch». «Con ello no solo ha podido ganarse a un amplio público, sino que se ha hecho valer como mujer en el masculino mundo del diseño», afirmó el redactor jefe de Häuser, Wolfgang Nagel.
Nueva generación
La publicación alemana también reconoce la importancia del trabajo de otros diseñadores como la holandesa Hella Jongerius, los hermanos franceses Ronan y Erwan Bourollec o el japonés Naoto Fukasawa.
Como ellos, Patricia Urquiola pertenece a una generación que ha vuelto a las raíces clásicas del diseño para recuperar la elegancia perdida en los años ochenta y noventa, cuando las líneas posmodernas primero, y la excesiva simplicidad de los objetos después, daban la impresión de que los creadores se habían olvidado del público al que se dirigían. «Este es un trabajo para curiosos. Tienes que prestar mucha atención a las necesidades de las personas y, en algunos casos, anticiparte», explicaba la diseñadora en una entrevista.
Sofisticada y a la vez ecológica, Urquiola lo mismo viste el lobby de un hotel que el interior de una pequeña vivienda. Últimamente ha sobresalido con sus colecciones de muebles de exteriores para Kettal (Maia) y B&B Italia (Crinoline), a base de fibras naturales y sintéticas trenzadas. «Detesto la pedantería que convierte a un material en pretexto para la exhibición de un trabajo», afirma. Dice que va por libre y la diversidad de su trabajo así lo atestigua: no tiene dos piezas iguales.
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