«La arquitectura es bioclimática desde las cuevas de Altamira»

SOCIEDAD

Autor de la T4 y de la reforma del Bernabéu, este experto cree que el poder de los municipios en urbanismo «es excesivo»

09 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Fundó su estudio hace más de medio siglo en Madrid y desde entonces ha dirigido unos 1.500 proyectos, como las torres de Colón, la T4 -junto a Richard Rogers-, la reforma del Bernabéu, o el aeropuerto de Varsovia. El pasado fin de semana, Antonio Lamela (Madrid, 1926) participó en un seminario en Compostela, organizado por el Colexio de Arquitectos de Galicia (COAG).

-Ahora parece que no se habla de nada más que de arquitectura bioclimática. ¿Por qué ocurre esto?

-Por una estupidez. La arquitectura lo que tiene que ser es buena. Y cuando es buena es bioclimática, medioambiental, ecológica... Estamos ante un estúpido cliché moderno, un capricho reciente que no está justificado, una enfermedad pasajera.

-¿Cuándo empezó esta moda?

-Recientemente. La arquitectura tiene que ser sostenible, físicamente, y sustentable, medioambientalmente. Es decir, fácilmente utilizable, razonablemente económica, mantenible, conservable. La arquitectura es bioclimática desde las cuevas de Altamira. ¿Usted sabe por qué se refugió allí el hombre?

-No, ¿por qué?...

-Pues porque allí encontró un espacio donde el clima permanecía más estable y la vida era más favorable. Bioclimático es crear un ambiente para que la vida sea más fácil. Esta es una de las cosas que habría que erradicar desde los medios de comunicación: no confundir sostenible con sustentable, algo que ocurre cada día.

-He leído por algún lado que usted no es partidario de hacer edificios de más de cien metros de altura...

-Yo lo que he dicho es que, en principio, todo lo que sea construir por encima de ese límite encarece mucho la edificación y la conservación y mantenimiento de la obra. A veces no tenemos más remedio que superar esa altura, cuando no hay suelo, pero si se puede es conveniente evitarlo. No podemos estar en el despilfarro, que es lo que ha desencadenado esta recesión.

-¿A qué se refiere concretamente?

-A que el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, como lo han llamado, se ha producido porque inflamos un globo artificial. No había tanta demanda de edificación. Se trastocó el equilibrio de la oferta y la demanda por la rentabilidad inmediata de unos especuladores que metieron sus ahorros en el suelo. Era rentable vender y revender con rapidez.

-En Galicia se ha hablado mucho del feísmo, que se ha atribuido a la poca formación de la gente. ¿Qué responsabilidad tiene el poder público?

-La Administración tiene buena culpa porque no se ha preocupado de educar bien a la población, de sensibilizar a los habitantes. Pero esto es difícil de arreglar. Malformar y destruir resulta muy sencillo, pero formar bien lleva tiempo. Habría que tirar mucha cosa levantada indebidamente, ilegalmente. Lo de Marbella es pernicioso, donde se han dado licencias de obras en zonas donde no podían. Maldita corrupción. Es un daño que tiene difícil arreglo: habrá que crear primeros elementos en la franja costera que alivien todas esas barbaridades. Quizás el poder que ostentan los ayuntamientos en materia urbanística es excesivo. No tienen en cuenta el conjunto del territorio, una visión más global.

-Y en Galicia...

-La costa gallega es de las mejor conservadas. No creo que se pueda comparar. Sin embargo, ha habido también errores, pero muchos menos.

-¿Usted que echa en falta en su profesión ahora...?

-Honradez y sinceridad. La crisis actual no solo es económica sino de valores, y sobre todo de formación. El todo vale es muy pernicioso. Hay que separar el trigo de la paja.