El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) afecta a 33 millones de personas en el mundo, según datos del 2007 publicados por el Programa de la ONU contra el Sida (Onusida). El último intento de fabricar una vacuna fue interrumpido a finales del 2007 por el laboratorio estadounidense Merck después de obtener resultados decepcionantes tras ser probada en 3.000 voluntarios. Hasta ahora no se ha encontrado un medicamento que cure definitivamente el sida, ni una vacuna que lo evite, aunque se ha demostrado la utilidad de la prevención y de tratamientos antirretrovirales que mejoran la salud de los afectados. Pero el coste por persona de la terapia que se usa en los países occidentales para tratar a los enfermos supera los 10.000 dólares (casi 7.000 euros) anuales, un coste inaccesible para el 95% de los afectados en los países subdesarrollados.
El VIH causante del sida sobrevive con dificultad fuera del cuerpo humano y únicamente se transmite cuando sangre contaminada, semen y otras secreciones sexuales de una persona infectada entran en contacto con la sangre o mucosas de otra persona sana.
La llamada epidemia del siglo XX consiste en el deterioro del sistema inmunológico que lleva a la pérdida progresiva de la función de ciertas células del sistema inmune denominadas linfocitos CD4, lo que hace vulnerable el organismo a diversas bacterias externas que en condiciones normales son inocuas. Desde los primeros brotes, la progresión de la enfermedad ha tenido tres focos principales, África, Estados Unidos y Europa Occidental, extendiéndose en los últimos años a Asia.