Una niña yemení de 12 años que había sido obligada a casarse muere después de un parto complicado y doloroso de tres días, en el que tampoco logró sobrevivir su bebé
A los once años la retiraron de la escuela para obligarla a casarse con un hombre que le doblaba la edad. Y a los doce se ha convertido en la última víctima de los matrimonios a la fuerza, una costumbre tribal arraigada en Oriente Medio, el sur de Asia y el África subsahariana. Primero les roban la infancia y luego, en no pocos casos, acaban perdiendo la vida, bien porque acaban suicidándose o porque sus frágiles cuerpos no soportan la dureza de un embarazo para el que no están preparadas. Es una historia común con nombres propios. Como el de la yemení Fawziya Youssef, a la que un complicado y doloroso parto de tres días acabó por enterrar su infancia. La de ella y la de su bebé, que tampoco consiguió sobrevivir. Fawziya murió a los 12, solo un año después de la boda por obligación.
Más de la mitad de las niñas yemeníes se casan antes de cumplir los 18 años, muchas de ellas con hombres mucho mayores que ellas y que también suelen tener otras mujeres. Es un hábito arraigado en la población que el Parlamento del país asiático intentó prohibir en febrero pasado, pero la propuesta no salió adelante porque muchos diputados argumentaron que violaba la sharia , la ley islámica.
Lo ocurrido en Yemen no es un hecho aislado. Y tampoco es exclusivo de los países islámicos. Su razón de ser es, en muchos casos, la pobreza de las familias, que se ven obligadas a ceder a sus hijas para obtener una contraprestación que las saque de la ruina.
«Los matrimonios infantiles violan los derechos de la infancia del modo más deplorable», denunció la directora ejecutiva de Unicef, Ann M. Veneman, nada más conocer un caso que, aunque trágico, no es en absoluto una excepción. Y no lo es porque cuanto más jóvenes son obligadas las niñas a casarse, más elevado es su riesgo de que fallezcan durante en el parto. De hecho, las niñas que dan a luz antes de los 15 años tienen cinco veces más probabilidades de morir en el parto que las mujeres que tienen 20. «Tenemos que hacer más esfuerzos para prevenir muertes trágicas como las de Fawziya y su bebé», advierte Unicef.
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