«De vuelta a Europa, confieso que echo de menos algunas algunas cosas de mi vida en Filipinas»

La Voz

SOCIEDAD

La estancia de María en Salcedo (Filipinas) se puede medir de forma tangible: puesta en marcha de un programa informático con licencia gratuita para establecer sistemas de información geográfica, creación de la primera oficina de gestión ambiental municipal de la región, información geográfica de la zona, diseño de una ordenanza municipal para regular las actividades mineras o desarrollo de una campaña de concienciación ambiental sobre esos trabajos. Relevante esto último porque, relata, «en esas minas hay niños, operarios sin protecciones, inexistencia de medidas ambientales o de regulación en el lugar...».

«El mejor momento -rememora- fue mi último día en Salcedo, cuando después de luchar contra las actividades mineras, incluso en contra de los intereses de muchos políticos, la gente reconoció y apreció mi trabajo por el municipio, en especial el alcalde, al que tuve enfadado tres meses».

Ahora, de regreso a Europa, «tengo que confesar que extraño cosas de mi vida en Filipinas». Entre otras, ver montones de niños por la carretera, comer pescado crudo y beber agua de los cocos, sus viajes en moto entre palmeras o tomarse un ron por un euro. «No creo que cambie la imagen del Sur cuando se trabaja en cooperación, más bien muda la del Norte, la percepción del estilo de vida impuesto en nuestros países, resulta más egoísta», concluye.