Los mimos de Eduardo son todos para Mónica

SOCIEDAD

A los 32 años, Mónica Barros inició un proceso para realizar una adopción internacional. Simplemente quería ser madre y no tenía pareja (está divorciada), así que le pareció la mejor opción. Aunque le resultaba igual de válida la adopción que tener un hijo natural, en su caso pensó que si hay niños que buscan familias y familias que buscan niños, por qué no unir esas dos necesidades.

Una de las ventajas con las que se encontró Mónica al adoptar en Etiopía es que no hay distinciones entre familias monoparentales y las que no lo son, por lo que no tuvo más dificultades que el resto. Tras más de dos años de espera, el pasado 3 de febrero se fue a Etiopía y el 14 regresó ya con su hijo, Eduardo Tamirat. El encuentro fue fácil, aunque al principio no quería irse con Mónica. «Pero creo que se adaptó antes él a mi que yo a él». Al mes, Eduardo ya estaba perfectamente instalado en A Coruña.

El hecho de adoptar sola puede provocar a prior i reticencias entre la familia y los amigos, pero no fue el caso de Mónica. Una de sus amigas de toda la vida inició también un proceso de adopción, y sus padres y hermanos la apoyaron siempre. «Mi hermana mayor me preguntaba si estaba segura, pero como es un proceso largo, con el tiempo todos lo van asimilando y esperando», señala.

La conciliación

Si entre todo lo positivo que ha supuesto para Mónica y su familia la llegada de Eduardo puede encontrarse algo negativo, eso es la incapacidad para conciliar la vida laboral con la familiar. Para esta periodista coruñesa las ayudas son nulas. «No hay absolutamente nada», explica. Todas las prestaciones existentes exigen un umbral económico muy bajo, y evidentemente si una persona se embarca en una adopción internacional debe tener recursos, o de lo contrario ni siquiera podría llevarla a cabo.

A las escasas ayudas en general se une su condición de familia monoparental. Mientras estaba de baja por maternidad tuvo que realizar todo el papeleo llevando a su hijo y no se encontró ninguna facilidad en ese sentido. Solo la familia y los amigos suponen un alivio para facilitar la conciliación. «Yo nunca me hubiese atrevido a adoptar sola si no tuviese a mi familia al lado», asegura.

Claro que todas estas quejas las compensa Eduardo (que grita mami al otro lado del teléfono), colmando de mimos a Mónica. «Toda la responsabilidad es mía, pero todos los mimos son para mí. La gente me dice que qué suerte tuvo este niño, pero la suerte la tuve yo».