Alberto Figueroa ha modelizado el flujo sanguíneo, lo que también permite crear implantes más efectivos
Desarrolla en Stanford una técnica pionera que simula por ordenador cuál es la mejor opción para operar
Antes de que un avión remonte el vuelo, los ingenieros han probado previamente en simulaciones por ordenador el comportamiento de todas sus piezas. Es la garantía de que la aeronave es segura, resistente y estable, y de que puede echar a volar sin peligro. En una operación cardiovascular, sin embargo, el cirujano suele ir a ciegas. Solo el olfato de su experiencia le indica qué tipo de implante es el más adecuado para el paciente, el mejor lugar para practicar la incisión, si es necesario abrir o si es posible una intervención poco invasiva con un catéter. Pero siempre queda un margen de riesgo que podría minimizarse si la misma operación se realizase de modo virtual en una simulación por ordenador que represente las condiciones del paciente.
Esta nueva técnica, que concilia la ingeniería con la medicina y que permite ajustar mejor las operaciones, diseñar terapias individualizadas o predecir el comportamiento de los implantes, ya se ha empezado a utilizar con éxito de forma pionera en Estados Unidos y se ha exportado a Japón. Y entre los pioneros se encuentra un gallego, el ingeniero coruñés Alberto Figueroa Vázquez, investigador en la Universidad de Stanford (California) en el equipo de Charles A. Taylor, el primer investigador en integrar dos campos que parecían irreconciliables.
«Si tú tienes una descripción por ordenador que representa cómo se comporta el sistema, estás representando de manera bastante fidedigna el sistema cardiovascular de cada paciente. Es como una tabla de operaciones virtual que te va a permitir conocer qué es lo que va ir mejor en cada caso: si el paciente necesita un baipás para restaurar el flujo adecuado a su corazón, cómo colocarlo, observar cómo se comportará... Con toda esta información sabes qué es lo mejor indicado en cada caso», explica Figueroa Vázquez, ingeniero de Caminos por la Universidade da Coruña, ex becario de la Fundación Barrié y doctorado en Stanford. Su especialidad abre una nueva era en el campo médico: la medicina predictiva por ordenador, lo que también permitirá entender el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares. Figueroa, que ha desarrollado técnicas para modelizar el flujo sanguíneo aplicado a la deformación arterial en modelos específicos para cada paciente, ya ha aplicado esta tecnología en problemas congénitos que afectan a los niños al nacer y que requieren una intervención rápida. Lo que ha hecho es diseñar un baipás que permite conectar de una forma más eficiente las arterias que van al corazón a niños con el ventrículo izquierdo atrofiado. También ha aplicado la simulación por ordenador a enfermedades de circulación cerebral en las que el cerebro no recibe un flujo suficiente.
En la actualidad, Figueroa colabora con un hospital de Hong-Kong en el desarrollo de un nuevo implante, un catéter para la reconstrucción de la oclusión (estrechamiento) de la arteria carótida, la principal suministradora de la sangre al cerebro. El objetivo es que la operación indicada para solucionar esta deficiencia se pueda llevar a cabo sin necesidad de abrir al paciente. En otro proyecto en el que trabaja la finalidad es muy parecida, solo que está indicada para los aneurismas (ensanchamiento de las arterias) en el abdomen.
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