El amplio horario de los pubs obligó al sector a buscar clientes entre los grupos más jóvenes y los mayores
03 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Abrir una discoteca en Galicia es estar permanentemente vigilante a la espera de la siguiente crisis. Aunque alguna lleva más de cuarenta años abierta -con diferentes dueños- las discotecas han tenido varios períodos de bajón, el más importante al final de los noventa. El principal motivo es que los pubs, en los centros urbanos, abren cada vez hasta más tarde, ofrecen música y en ellos se puede bailar; eso, unido al botellón, desanima a los jóvenes a coger el coche para mover el cuerpo de madrugada.
Las discotecas que permanecen en pie en el territorio gallego se han tenido que reinventar, y apostar por sectores de población hasta ahora impensables: los niños y los mayores. Cada vez es más habitual encontrar sesiones de baile pensadas para críos menores de quince años, que llegan a la más tierna infancia en épocas festivas como esta de Carnaval. Los mayores, en cambio, son una cantera inagotable y muy conocida para los empresarios del sector: la mayor parte de las asociaciones y agrupaciones culturales de jubilados organizan sesiones de baile en discotecas alejadas de la ciudad, a la que acuden en autobús y con un apretado programa.
De capa caída
En cambio, la discoteca tradicional, la que se instala en la ciudad con un enorme despliegue pensado por y para la gente joven, con vocación de modernidad y ser un referente, está de capa caída.
Pocos casos se salvan de la decadencia, tan pocos que no se puede hablar de una tendencia. A los empresarios del sector solo les queda esperar que el auge de la moda discotequera -que tiene en la versátil Madonna a su adalid- se traduzca en un retorno de la gente a estos templos del neón.