El paseo por los pabellones autonómicos de Fitur es ruta obligada de todos los presidentes autonómicos. Y en el caso del bipartito gallego, también del vicepresidente. Pero así como existen diferentes estilos de ejercer el poder, hay distintas maneras de promocionar las excelencias patrias. El de ayer fue un buen día para comprobar que al mismo fin se llega por diferentes medios. Llegaba Touriño al puesto de Galicia con discreción, envuelto en una nube de fotógrafos y admiradores que apenas permitía distinguir su figura. Saludos, besos, sonrisas, pamadas en la espalda y recorrido amable por todos los mostradores.
Simultáneamente, a escasos 10 metros, el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, vociferaba desde una tarima a través de un altavoz que taladraba los oídos en todo el recinto. «¡Hay un sitio muy moderno que se llama El Bulli que te ponen muy poca comida en el plato, pero el sitio donde mejor se come del mundo y abundante es en Cantabria!», gritaba Revilla. «En cualquier sitio de Cantabria te pueden hacer un arroz con bogavante para chuparse los dedos, en Santillana, en Laredo...». Y así durante media hora, todo aderezado con frases como: «Nosotros estamos orgullosos de decir que somos españoles» y «Cantabria vende amabilidad frente a los que crean problemas y tensiones».
Ajeno a todo eso, Touriño recorría el recinto gallego acompañado de un sonriente ministro de Cultura y una discreta ministra de Agricultura.
Discreción, pero también habilidad, le hizo falta a Touriño y a su comitiva para sortear la aneja caseta de la Diputación de Pontevedra, en la que en ese momento el secretario general del PP, Ángel Acebes, entregaba unas distinciones municipales. Parada, giro, sonrisa y foto comprometida evitada.
Pero tampoco olvidó Touriño que estamos en época electoral y tuvo tiempo de presumir de que el pabellón de Galicia en Fitur es más grande que nunca, lo que demuestra, a su juicio, la pujanza de la comunidad a nivel nacional, y de que el año pasado Galicia tuvo una cifra de visitantes «superior a la del Xacobeo del 2004».