Gastos exagerados y adicciones condicionan el uso del móvil

A CORUÑA CIUDAD

26 dic 2007 . Actualizado a las 02:26 h.

Es su tesoro más preciado, el objeto que se llevarían a una isla desierta, el complemento que marca un estatus en el patio del instituto. El móvil es el tótem de la nueva generación y cada año se entrega a los chavales a una edad más temprana. Las tiendas especializadas calculan que a lo largo de esta campaña navideña, el sector de entre 12 y 18 años será el destinatario de entre un 20 y un 30% de las ventas. Al fin y al cabo, los adolescentes (los que pueden) suelen renovar su móvil dos veces al año.

«Lo que más valoran hoy es que tenga MP3», asegura el responsable de una tienda en A Coruña. Esa es la consigna que recibirán muchos padres estas Navidades cuando vayan a comprar el regalo en forma de teléfono móvil. Al día siguiente, muchos de los chavales volverán a la tienda para cambiar la tarjeta de memoria que el teléfono trae de serie por una de capacidad superior: «Eso es lo habitual», confirma este profesional, que pone sobre la mesa otra evidencia: «Lo normal es que la madre busque un teléfono lo más sencillo posible y que su hija pida todo lo contrario».

Pero ¿cómo se arreglan para cambiar de móvil tan a menudo si no disponen de recursos? «Ellos saben como -explica otra dependienta de Santiago-, aprovechan los puntos o lo piden como regalo si sacan buenas notas». El precio mínimo de un móvil que pueda interesar a un adolescente es de 150 euros. El diseño se valora relativamente, más las chicas. Lo que se busca son prestaciones. Cuántas más, mejor.

En un espacio poco mayor que una cajetilla de tabaco, el adolescente encuentra y gestiona gran parte de las cosas que le interesan: fotos, vídeos, música, juegos, mensajes, Internet y, por supuesto, línea telefónica. Aquí es donde un día llega el disgusto en forma de factura desmesurada. Es raro el adolescente que no ha pasado por esta experiencia que suele acarrear que se requisite el móvil durante una temporada o la asignación de una tarjeta prepago que evite posteriores disgustos. Normalmente las cosas se arreglan a partir de ahí. Pero no siempre. A veces, el incidente acaba por convertirse en un problema que requiere ayuda profesional: «Ya hace tiempo que los problemas de adicción al móvil se ven en la práctica clínica -explica Pilar López, psicóloga del Clínico de Santiago. Y nos damos cuenta de que cada vez se entregan antes. Cuanto más pequeños, los chavales son más impulsivos».

Una joven de 15 años relataba para este reportaje cómo había pasado dos veces consecutivas por la misma experiencia: «Llegó una factura muy alta y mis padres me riñeron y me dijeron que no podía pasar de 10 euros al mes. Pero la factura siguiente volvió a ser muy alta y me retiraron el móvil. Ahora tengo uno de tarjeta». Para justificar el incidente, esta chica argumentó: «Es que tenía muchas cosas que contar».