El modisto inaugura nueva tienda en París, mientras recuerda que su proyecto ?para un polígono de diseño en Ourense sigue sufriendo retrasos
Los años no pasan en balde. Aumentan la sabiduría y los achaques, y en el caso del diseñador ourensano Adolfo Domínguez, también el retraimiento y una cierta amargura por cómo lo trata su tierra. Pide jarabe para defenderse de los virus parisinos y de una tarde de entrevistas a las que no está acostumbrado.
-Soy más bien retirado, vivo en un sitio retirado y soy un diseñador, no una vedete. Y luego, a mi edad, ya no me siento cómodo.
-Pero sigue intentando culminar el sueño de su vida, su Polígono del Diseño en Ourense.
-Es una odisea. Si conseguir un millón de metros cuadrados a medio kilómetro del desierto de Zamora es tan difícil, lo llevamos crudo. Por eso sigue habiendo emigración. Hay que desarrollar la Galicia interior y nosotros llevamos 12 años negociando con el alcalde de Paderne, con la anterior administración del PP, con la actual. Nos lo han prometido para el año que viene. Los últimos datos que tengo es que nos lo dan a finales del 2008. Habrán pasado 14 años. Es impresionante. Ese es el origen del subdesarrollo de Galicia. Nos han asignado un millón de metros y los propietarios son 800. Si no lo hace la Xunta, es imposible. Tenemos una estructura, una forma de vivir, unas costumbres que realmente paralizan las iniciativas empresariales. Lo tendré cuando me jubile. No, yo no me jubilaré. Tengo 57, voy a hacer 58 el año que viene.
-¿Por qué quedarse entonces en Galicia?
-Es que nací en Trives y vivo en las afueras de Ourense porque soy de campo. No tengo ganas de irme, tienen que echarme, y han hecho todos los esfuerzos del mundo cuando yo quiero hacer algo extraordinario, modélico, la intervención industrial más bonita que ha tenido España, algo positivo para todos. Que lleve tanto esfuerzo es increíble. Estos, los anteriores y la propia sociedad gallega..., al final, los políticos no son más que los representantes que elegimos. Para la vida actual tenemos muchos defectos, no reaccionamos con prontitud. Y ese es el motivo de que Galicia siga mandando gente para fuera.
-Pero no hacen más que salir nuevos diseñadores.
-Genial, ojalá los fabricantes de quesos fueran tan brillantes. El textil en Galicia lo ha hecho muy bien, ojalá hubiera más sectores que lo hicieran tan bien como el nuestro, que realmente está dando gente muy buena.
-¿Qué le parece una pasarela de moda gallega, como quiere la Xunta?
-Lo importante es comunicar y hay que hacerlo donde tenga más resonancia. A los 25 años hubiera contestado; ahora mis respuestas no son tan claras. Que hagan lo que quieran, no me implico. Lo veo como algo funcional y, si lo hacen, que no sea muy caro, el dinero público es sagrado. Y yo hace años que no desfilo ni en Cibeles ni en París.
-¿Está de acuerdo con las limitaciones a la delgadez de las modelos?
-Yo cada día creo más en la libertad. No creo que haya que fomentar nada.
-Con tantas líneas, ¿pretende hacerle la competencia a Zara?
-No puedo, es otro modelo. Juega en otra galaxia. No tenemos nada que ver. Ellos son vendedores de cualquier estilo, son tiendas enormes, lo tienen todo. Nosotros tenemos una personalidad acusada, somos homogéneos. Somos una empresa diseñadora, dentro de eso queremos ser lo más competitivos posible. Invertimos lo que ganamos. Nuestra capacidad de crecer no es la que tiene H?&?M. El mundo de lo barato claramente acapara a la gente.
-¿Y la expansión internacional?
-Tengo debilidad por Estados Unidos y se me acentúa con los años. Hacen lo contrario de lo que hacemos en Galicia. Qué abismo entre una cultura que rechaza la diferencia y otra que la aprovecha. Vamos a abrir cuatro tiendas en Miami, la primera en noviembre. A partir de ahí, poco a poco. Ya me he llevado suficientes trastazos como para hacer las cosas dulcemente. Incluso cerramos algunas tiendas para abrir otras. Estamos reestructurando. En el extranjero las vamos a hacer más pequeñas y más bonitas.
-¿Y la arruga?
-La arruga sigue siendo bella. Un rostro vivido es tan hermoso como un rostro estrenado. El alma se refleja cuando pasan los años.