El actor de origen irlandés recuerda que llegó a Estados Unidos «con una oración, una peluca y un sándwich» creyendo que podría trabajar con Martin Scorsese
21 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Pierce Brosnan vuelve con un papel de galán. Esta vez su víctima será la neoyorquina más famosa del planeta, Sarah Jessica Parker.
El James Bond de los noventa se convierte ahora en Jack, un atractivo arquitecto que siembra las dudas en su compañera de trabajo, casada y madre de familia.
Lo he pasado muy bien.
-¿Cómo ha sido la experiencia con Sarah Jessica Parker?
-Es una mujer sensacional además de una gran actriz.
-Vuelve a representar al hombre atractivo que desean las mujeres.
-A mi edad creo que me quedan pocas oportunidades de interpretar este papel, así que voy a aprovechar mientras pueda [se ríe]. El guion me hizo reír durante días, era lo que estaba buscando. Es una historia divertida, entretenida, con corazón que habla de la soledad, la amistad, la redención y la necesidad que tenemos de divertirnos.
-¿Se parece en algo a su personaje?
-¡No por Dios! He estado casado la mayor parte de mi vida y así era como yo quería que fuera. Me encanta tener una vida normal. Después, en mi trabajo, ya me encargo de vivir un mundo de fantasía.
-¿No está harto de ser el atractivo seductor?
-Cuando te pintan con un personaje y te colocan en una esquina es difícil sacudirse ese estereotipo. Asocian tu personalidad al personaje cuando tal vez no tiene nada que ver contigo. Eso me ocurrió con el papel de James Bond. Reconozco que lo sabía y que interpretarlo fue una decisión consciente y deliberada, pero ahora he cambiado.
-¿Alguna vez se creyó el papel de James Bond?
-Qué absurdo. No. Nunca me he creído James Bond. Y como ser humano siempre he estado con los pies sobre la tierra.
-¿Fue difícil despedirse?
-Es un capítulo cerrado en mi vida, terminado. Ahora estoy más centrado en la producción.
-¿Le gusta?
-Mucho. La única pega que me pongo es que me hubiera gustado haber podido hacerlo antes. Cuando llegué a Estados Unidos mi primera oportunidad fue la serie Remington Steele, que me marcó mucho como actor pero me quedé estancado. Debería haber explorado más el drama en mis veranos, pero preferí la comodidad.
-¿Eso cambiaría de su carrera?
-Puede que sí, pero creo que no me puedo quejar de mi carrera. Mire, me planté en este país hace más de 25 años con una peluca, una oración y un sándwich. Conseguí un trabajo en la televisión cuando yo pensaba que podría trabajar con Martin Scorsese. Ahora me doy cuenta de que todo eso sirvió para llegar a este punto de mi vida.
-¿Cree que se ha subestimado su habilidad como actor?
-Soy muy consciente de que no consigo los personajes que me interesan porque estoy encasillado dentro de un estereotipo. Por esa razón los papeles jugosos, con chicha no me llegan. Me dicen que soy demasiado guapo o cualquier excusa. El caso es que me juzgan por mi físico y no por mi capacidad como actor. Tienes que forzar la maquinaria y cuando eso ocurre todo cambia. Lo mejor de Hollywood es que su memoria es corta.
-¿Diría que está viviendo ahora el mejor momento de su carrera y de su vida?
-Siempre lo he pasado bien. No importa que la crítica me haya despedazado.