La banda ha cambiado, pero quiere demostrar en Santiago que sigue teniendo pegada punk.
02 sep 2011 . Actualizado a las 17:38 h.Salieron de Orange County, California, el mismo lugar (y poco después) que sus admirados The Vandals, y tres álbumes más tarde, con Smash, se alzaban como iconos mundiales de un nuevo punk, que en los 80 había caído en el olvido. Hoy, The Offspring siguen vivos y coleando, con formación y estilo reconocibles, en plena gira por Europa y con un disco a medio hacer que saldrá a principios del 2012. Quien necesite demostración en vivo, la tendrá el próximo viernes 2 en el Monte do Gozo, donde se presentarán como cabezas de cartel del festival Rock In Way.
¿Son muy diferentes de aquel grupo punk que triunfó en los 90?
Seguimos siendo los mismos tipos a los que les encanta este tipo de música; todavía bebemos más de la cuenta de vez en cuando y disfrutamos tocando juntos. Nos siguen gustando algunas canciones sobre chicas y coches, pero también canciones que tratan de responder a cuestiones un poco más profundas.
¿Qué tipo de cuestiones?
Me refiero, por ejemplo, a Gone Away, que trata sobre la pérdida de alguien cercano, o The Kids Aren't Alright; cosas así. Pero a la vez también hay canciones como Cool To Hate, con bastante sentido del humor; tratamos de no tomarnos las cosas demasiado a pecho.
¿Y la música? ¿Siguen amando las canciones breves y rápidas, o han evolucionado también en esto?
Pues creo que me estoy ablandando, porque ya no me entran ganas de suicidarme al escuchar gran parte de la música pop de hoy [risas]. Antes, prácticamente cualquier cosa que no fuese punk-rock me daba ganas de suicidarme, o al menos de destrozar la tele o la radio. ¡Ni siquiera me gustaba AC/DC! ¿Puedes creerlo? No lo pillaba.
¿Será que se ha hecho mayor?
Seguramente: ahora me encanta AC/DC [risas].
De hecho, son las ocho y media de la mañana [en Los Ángeles] y ahí está este guitarrista punk cumpliendo con su compromiso.
[Risas] Sí... Ahí en España, ni siquiera empezáis a salir hasta medianoche, ¿no? Bueno, nos gusta salir, pero sobre todo vamos a bares de rock tranquilos donde puedes tomarte unas cervezas y charlar. Pero no se puede hacer eso cada noche. En las giras, también queremos levantarnos temprano, ver algo de la ciudad, y eso es difícil cuando estás de resaca.
¿Qué tienen preparado para Santiago?
Está por decidir; acabamos de hacer los primeros ensayos para esta gira [que no cunda el pánico: la entrevista tuvo lugar hace varias semanas]. Trataremos de montar un buen concierto, incluyendo unos hits, como Pretty Fly (For a White Guy) o Self Esteem. Me encantan las canciones que el público reconoce.
Green Day ha vuelto con fuerza y The Offspring está en forma. ¿Es otra resurrección neopunk?
El punk rock se ha hecho con un sitio en la música y para todo el mundo tiene una cierta influencia, lo puedes escuchar en emisoras de rock, etcétera. Yo creo que el punk rock aportó una gran energía a la escena musical de los 70, que estaba un poco inmóvil; bueno, incluso en los 80 estaba inmóvil. Y el punk aportó esa energía. Después, Nirvana, en cierto modo, lo cambió todo. Green Day y nosotros supongo que somos bandas neopunk, pero eso fue hace 15 o 20 años, cuando salieron Smash y Dookie. ¡Tiene que haber otras bandas más neopunk que nosotros! [risas].
¿Han cambiado sus preferencias personales?
Yo escucho muchas otras cosas; estoy más abierto que nunca a otros géneros. Pero a veces también vuelvo a escuchar a Jeff Kennedy, Axe, The Dickies, The Vandals... y The Ramones, por supuesto. Esa música cambió mi vida. Yo era un adolescente en aquella época, y todo esto me ayudó a definir quién y qué quería ser.
¿Hay un momento en la vida en el que uno piensa que es demasiado mayor para ser punk?
Yo llevo el punk rock muy profundamente en mi corazón. Siempre será así, con esa idea de cuestionarse cosas, o tratar de cambiar las que me cabrean. Pero hay más que aprender, como que algunas cosas no se pueden cambiar. Respecto a las grandes juergas, es hora de pisar el freno un poco. Por lo demás, me siento bien, no hay razón para dejar de hacer lo que hago.
Es una buena época para ser punk, con tantos motivos para la rebelión y la protesta.
Claro, precisamente estaba aquí comentando los disturbios en Londres. Con la crisis, mucha gente se está dando cuenta de qué significa ser un punk, qué significa no tener nada que perder. En el caso de EE.UU., creo que son necesarias muchas reformas. Vivimos en una mediocracia, en la que el poder lo tienen los medios y la gente que los apoya. Esta es mi opinión personal. No somos una banda de carácter político. Yo, que crecí escuchando punk, puedo decir que algo que odiaba es que uno de mis grupos favoritos empezara a sermonearme. Por ejemplo, yo era vegetariano, pero si empezaban a decirme que había que dejar de comer carne porque estábamos asesinando animales no quería ni oírlo. Así que nosotros tampoco vamos a hacer eso.
Entonces no es de los que piensa que los artistas tienen el deber moral de tomar posiciones.
El único mandato moral es que digan su verdad, tal como la ven. Eso es todo. Quizá una gran canción pueda cambiar el mundo, pero si vas a escribir una canción con la idea de que va a cambiar el mundo lo más seguro es que te quedes corto.
¿Cómo llevan el cambio de modelo en el negocio musical?
Ha cambiado mucho. Ahora la música está literalmente flotando en el aire entre nosotros. Antes ibas a la tienda, comprabas un 45 o un elepé, llegabas a casa, leías las letras y lo escuchabas. Hoy todo es tan rápido que parece que no se le da tanto valor. Yo creo que la música sigue teniendo gran valor, pero no sé si los chicos de hoy lo entienden así. Yo sé que una buena canción todavía puede tocarte el corazón y cambiarte la vida.