«Salvamos o porco, pero non sei onde están os gatos», relata una de las vecinas más afectadas de Sigüeiro

SANTIAGO

El día después de las inundaciones se vivió en las zonas más afectadas de Sigüeiro con una mezcla de calma y resignación, ya que el agua no alcanzó ni de lejos los niveles de las crecidas de hace varios años, cuando el Tambre cruzó la carretera en la calle O Portiño.

El descenso del nivel del agua ya era evidente desde primera hora, cuando los vecinos de las casas más afectadas retomaron los trabajos de limpieza de los bajos anegados. Este es el caso de María José Marín, que el domingo tuvo que pedir ayuda para salvar a sus animales.

Con las gallinas apretujadas en una esquina de su finca, ayer reconoció que había vivido momentos de gran preocupación cuando pidió ayuda a la Guardia Civil para que cortara el tráfico «e poder sacar o porco». El animal pudo salir sano y salvo gracias a Protección Civil, ya que, según relató, «nin o 112 nin a Garda Civil nos fixo caso, solo tivemos axuda cando chamamos ao alcalde». Superada la crecida, María José y su familia necesitaron comprar agua potable porque el pozo del que se suministran está anegado. Con todos sus enseres patas arriba y gran cantidad de productos de huerta dispersos por toda la parcela, María José reconocía su pesar. «Salvamos o porco, pero aínda non sei onde están os gatos», se lamentaba.

Una gata llamada Tambre

Pero si el Concello orosino puede presumir de haber salvado el cerdo de María José a esta administración ayer le cayó un rapapolvo de la asociación Aveiro de protección de animales porque Protección Civil no tenía material adecuado para rescatar a una gata que había quedado quedó atrapada en unas silvas por el temporal.

La historia tuvo un final feliz porque, al final, los bomberos de Ordes acudieron a Sigüeiro alertados por una vecina y un voluntario de Aveiro para recoger a la felina, bautizada como Tambre. Queda por confirmar si esta gata es uno de los animales que María José echa de menos.

A escasos metros de María José vive Elena Espiñeira, otra orosina con mucho callo en esto de las crecidas. «Soy de aquí, y como comprenderás estoy más que acostumbrada» dice. Tanto que el garaje de su casa, que quedó completamente anegado, solo guardaba enseres de escaso valor por que los vehículos los había sacado a la calle ante la sospecha de que venía una noche toledana. Y como orosina de cepa, acertó.

Prueba de que lo toma con total tranquilidad es que guarda en su garaje marcas con las cotas del agua de las crecidas de los últimos años, aunque al algunas han desaparecido.