Comienza a actuar en Santiago el grupo de críos rumanos que roba a usuarios de cajeros automáticos

M. Cheda

LUGO CIUDAD

18 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Dos rumanos menores de 12 años hurtaron el viernes pasado 300 euros a una usuaria de un céntrico cajero automático de Santiago y al día siguiente intentaron repetir operación en el mismo lugar, si bien la pericia de su segunda víctima los hizo fracasar. El propio sábado y previa identificación por parte de agentes municipales, el Cuerpo Nacional de Policía los entregó a una familiar bajo cuya custodia quedaron, pues la legislación vigente en España no permite imputar delitos a gente de tan corta edad. Las autoridades, según fuentes conocedoras de la investigación, manejan la hipótesis de que ambos críos son hermanos, entre otros cinco o seis, de dos que el jueves habían sido sorprendidos en Lugo y también luego liberados tras cometer actos similares tanto allí como en Pontevedra y Vigo. A diferencia de los cazados en Compostela, no obstante, estos últimos llevan 72 horas internados en un centro infantil de la ciudad del Lérez.

Expertos consultados sobre este tema no descartan que los niños capturados en la capital gallega vuelvan a actuar, pues los ahora tutelados por la Administración no ingresaron en la institución pontevedresa hasta que, cuando aún no habían transcurrido 24 horas desde su anterior paso por la comisaría, fueron localizados en Cambados reincidiendo. Entretanto, policías judiciales trabajan en el visionado de imágenes grabadas dentro de la oficina bancaria del Ensanche elegida para llevar a cabo sus asaltos. El resultado de esas y otras pesquisas en marcha formará parte de un expediente que la fiscalía, en su caso, podría emplear para recomendar un inminente cambio en la situación de los chavales.

Modus operandi: la confusión

Los niños en cuestión proceden de manera muy similar a la observada en otros rumanos de sus características que vienen trayendo de cabeza a patrullas de media España desde el 2007. Se sitúan en el entorno de cajeros no ubicados en plena calle sino dentro de bajos anexos a bancos, seleccionan los objetivos entre la población femenina que no utiliza los cerrojos de seguridad, aguardan a que estos hayan tecleado sus números de identificación personal y, acto seguido, entran en acción.

A partir de aquí su método consiste en incordiar a la víctima formulándole preguntas de todo tipo sin descanso, poniéndole papeles delante de la cara, solicitándole que firme impresos con supuesta finalidad social, pidiéndole limosna e incluso propinándole leves empujones. Entonces, cuando alguno de ellos ha conseguido ya despistarla, el compañero marca la cantidad de dinero que la pareja aspira a robar (300 euros, habitualmente), se hace con ella y ambos huyen a la carrera. En cuestión de segundos, la clienta de la entidad se ve súbitamente liberada de la pesadilla a la que había sido sometida, pero sin uno solo de los billetes que acaban de desaparecer de su cuenta.

Un episodio como este sufrió la compostelana a quienes los menores lograron engatusar este viernes. La del sábado, en cambio, se lo ahorró gracias a intuir a tiempo lo que iba a ocurrirle y cancelar con rapidez el trámite bancario, lo cual impidió a los críos desplegar sus artes.