El colegio local de Arca-Pedrouzo reúne entre julio y agosto a niños de entre tres y once años para ocupar su tiempo de ocio
04 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Llega el verano y con él una serie de sensaciones positivas que nos hacen estar más alegres y vivos que de costumbre. La libertad entrecomillada, la evasión de la rutina, la reflexión e incluso un sentimiento de no saber qué hacer con tanto tiempo libre vacían nuestra mente de toda preocupación, agobio o estrés. Sin embargo, existe un problema cuando en casa hay niños o niñas que acaban las clases en junio y no empiezan hasta septiembre, ya que los padres suelen tener sólo un mes de vacaciones.
El Concello de O Pino organiza por esa razón una escuela de verano destinada a niños de entre tres y once años que permite a los padres compaginar su vida laboral con la familiar.
La escuela abre las puertas del colegio CPI Camiño de Santiago a las 7.30 horas de la mañana, cuando los más madrugadores desayunan y preparan el inicio del día con talleres relajados y juegos como el amigo secreto. Es a las 9.00 horas de la mañana cuando ya se juntan los 35 niños matriculados y comienzan las actividades, juegos y entretenimientos a un ritmo frenético. Beatriz Barbeito, coordinadora de los monitores de la escuela, cuenta que lo principal es «fomentar la comunicación entre los niños y para ello organizamos los juegos en distintas fases. Primero, les ofrecemos talleres, luego juegos deportivos y por último juegos más grandes como el paracaídas».
Después de cinco horas sin freno, los pequeños se toman su merecido descanso a la hora de la comida, necesaria para poder afrontar la tarde con las mismas fuerzas con las que se levantaron. Al terminar, basan su digestión en el entretenimiento con juegos que traen de casa o con pinturas con las que decoran el colegio. «El objetivo es que al final del verano todas las paredes de los pasillos estén decoradas con siluetas o dibujos que hacen en su estancia aquí», dice Beatriz.
Los pequeños poseen incluso su propio grito de guerra: ¡tapa, tapita...tapón! Cuando un monitor grita las dos primeras palabras, todos deben responder en alto con la última, dando por hecho que toca cambiar de juego o actividad. Pablo Quelle, monitor de la escuela, dice que «los primeros días son complicados, pero una vez estableces pautas y los niños empiezan a conocerse, todo va perfectamente». Mientras Beatriz y él cuentan lo bien que se adaptan los alumnos, Noemi e Isabel, otras dos monitoras, dirigen uno de los juegos más divertidos y que fomentan la cooperación, el paracaídas.
A las 17.00 la escuela cierra sus puertas y los niños marchan. Se van cansados pero con ganas de empezar otro día en la escuela.