Pocas cosas hay de nuevo en el conflicto de convivencia que vienen soportando desde hace más de dos décadas los residentes en el número 28 de la rúa Touro. Ayer, el portavoz del PP en Santiago, Gerardo Conde Roa, y los concejales Amelia González y Ángel Espadas visitaron la zona para conocer de primera mano la situación que viven diariamente los vecinos de dicho bloque de pisos de promoción pública.
Los vecinos insistieron en que se trata de un problema antiguo al que «nunca se le puso solución», apunta uno de ellos, que insiste en que «algunas de las cosas que hay que vivir cada día en la comunidad son tan increíbles que resultan difíciles de creer».
La vivienda que está en el ojo del huracán no está ocupada por la titular de la adjudicación, sino por familiares de esta, por lo que los residentes consideran que se trata de una ocupación «ilegal». Pidieron a Conde Roa que interceda ante la Xunta y ante el Concello para que «hagan algo por nosotros». Insisten en que, el problema ha ido creciendo con el paso de los años porque ni los servicios sociales de base ni la Xunta han hecho «nada para corregir las carencias educativas». Solicitaron al Concello una inspección sanitaria, pero «ni siquiera nos contestaron». Algunos días los olores «son insoportables y la suciedad es repugnante».
Según los vecinos, en el piso no se sabe con exactitud cuánta gente vive ni quiénes son con exactitud. «Puede haber diez o veinte; los fines de semana llegan dos furgonetas y no se sabe cuantos hay». Una mujer que fue desahuciada «por no pagar en el número 26 también vive ahora con ellos». Aclaran que no es un asunto de racismo, ya que tanto en el barrio como en el bloque viven otras familias gitanas con las que la convivencia es normal. El problema, de acuerdo con los vecinos, no es quién vive ni cuántos, sino la falta de civismo y convivencia que vienen soportando desde hace 22 años. «Hay una plaga de cucarachas, había ratas» y aseguran que la suciedad por las escaleras es denigrante. A lo largo de las dos décadas, los vecinos recuerdan que la Xunta ha realizado reformas en el piso y en la comunidad, pero a los pocos días «ya está todo destrozado otra vez».