El Concello de Caldas vuelve a recurrir a estas aves rapaces para acabar con la plaga que invade la Praza das Palmeiras
06 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Ruido, suciedad y agravamiento de problemas respiratorios son algunas de las molestias que conlleva la presencia de estorninos en la Praza das Palmeiras, en pleno centro de Caldas. Las bandadas de estos pájaros que viven en entornos urbanos no son nuevas en la villa termal. De hecho, el Concello recurrió a finales del 2010 a la empresa coruñesa Larus Control para hacerles frente con sus águilas de Harris, una especie conocida como «los lobos del aire».
Pero la mejoría fue momentánea y el retorno de los estorninos llevó al Ayuntamiento, presionado por vecinos y la oposición, a repetir la actuación. Acompañadas por personal de Larus Control, dos águilas de Harris hembras sobrevolaron ayer por la tarde el entorno de la Praza das Palmeiras, donde se calcula que viven entre 30.000 y 40.000 estorninos, entre negros y pintos.
Aunque depende de las poblaciones, los estorninos cumplen un ciclo de vida, por lo que en invierno descansan y en verano desaparecen. Juan Fraga Rey, responsable de Larus Control, explicó que en ciudades como Santiago sí se consiguió acabar con ellos. En el caso de Caldas está resultando más difícil porque la Praza das Palmeiras tiene unas condiciones ambientales favorables debido «ás propias árbores e a que as temperaturas son máis altas».
El proceso que arrancó ayer se prolongará varios meses con visitas de seguimiento que se extenderán a la carballeira y a las orillas del Umia. «Soltando os paxaros o que pretendemos é que os que estorninos os vexan como un perigo real», comentó Juan Fraga. Los estorninos son más rápidos que las águilas de Harris, pero el objetivo es que ese peligro real se instale en su memoria: «Non podemos permitir unha vez que os botamos que volvan entrar».
Como complemento a los vuelos de las águilas se usarán grabaciones del ruido de los propios estorninos. Hay concellos que optan, por desconocimiento del servicio o por impotencia, por soluciones más drásticas como podar los árboles.