Un nuevo hogar a 2.088 kilómetros

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña VILAGARCÍA/LA VOZ.

PONTEVEDRA

Ayer partieron hacia Holanda los 26 perros de la protectora de Cambados que van a ser adoptados en el país de los tulipanes; en la despedida hubo sonrisas y lágrimas

08 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Era el día más deseado, y a la vez el más temido. Lledó y Sara, dos niñas de Cambados que le dedican todo su tiempo libre a los canes de la perrera, hicieron un mural con poesías, fotos de las mascotas y lemas del tipo «Adiós, hasta siempre» y «Amigos para siempre», y lo colocaron en la reja de entrada de la perrera. Cuando llegaron Luis Barreiro, Alberto Domínguez y Fran Candal, los voluntarios que se ofrecieron a llevar los perros hasta Holanda, todos supieron que había llegado la hora de la despedida, y empezaron las lágrimas.

Tenía que ser así. La perrera de Cambados, con capacidad para medio centenar de animales, acogía en la actualidad a noventa perros, y no había manera de encontrarles dueño. La única salida era dejarlos en manos de la asociación Pinseebek, que se comprometía a buscarles casas de acogida. Solo había un pequeño inconveniente; está en Holanda, y el viaje costaba unos dos mil euros.

El policía local de O Grove, Fran Candal, conocía el problema por los medios de comunicación y por el Facebook. Estaba cenando con sus amigos Luis Barreiro y Alberto Domínguez y los picó: «Hay que hacer algo», dijo. Ellos se dejaron arrastrar por ese sentimiento de solidaridad y dijeron que sí. Luis Barreiro, que es delegado en O Grove de la empresa de transportes MRW se ofreció a poner la furgoneta, y Fran se comprometía a enterarse de todos los requisitos y permisos para un viaje de veinte horas y 2.088 kilómetros. Alberto, del restaurante D'Berto de O Grove, se ofrecía también para lo que hiciera falta. Ayer recordaba ese momento en las puertas de la perrera. «Ao día seguinte o vin publicado na prensa, e aí xa me decatei de que non había volta atrás».

Querer es poder

Ponen no solo su tiempo sino también su dinero, por lo que está claro que no van a poder hacer más que este viaje. Pero su intención es demostrar que si se quiere, se puede, para que de aquí en adelante se involucren las administraciones e instituciones dispuestas a colaborar económicamente en el traslado. «Porque va a haber que hacer más viajes -advertía Luis Barreiro-. Hoy nos llevamos 26 perros, pero mañana ya llegan doce más. Nos preocupa que esto provoque lo contrario de lo que se pretendía, porque como ahora saben que los llevamos a Holanda, traen más perros».

Y eso no puede ser, porque la perrera está desbordada. Auque lo cierto es que la presidenta de la Protectora de Animales de Cambados, Olga Costa, cuenta con una patrulla de esforzados colaboradores. Entre todos ellos tienen mimados, lavados, alimentados y cuidados a los noventa canes, cada uno con su nombre y su biografía. «Los que se van los seleccionamos por el tiempo que llevan y por sus características», explicaba Olga en medio del ajetreo. Zorrito , por ejemplo, que no tiene orejas, o Miser , con una parálisis en la cara. «A estos nadie los quiere».

No es del todo cierto. Los quieren en la perrera, donde Olga, Lledó, Sara y los demás voluntarios montaban las jaulas con sus bebedores y sus juguetes para el viaje, entre lágrimas y mimos de despedida a cada una de las mascotas que iban entrando en los transportines.

Todos saben que es lo mejor para ellos. Que tan pronto lleguen a Holanda -donde la sensibilidad y la concienciación con el cuidado de los animales es mucho mayor-, cada uno de ellos tendrá un hogar, y que los seguirán viendo por el Facebook, en las fotos que les enviarán sus nuevos amos.

Pero eso será dentro de unos días. Ahora cruzan Francia cuidados por Fran, Luis y Alberto. Siguen en buenas manos.