De las escaleras de San Bartolomé a la balaustrada del Museo

E.Larriba PONTEVEDRA/LAVOZ.

PONTEVEDRA

Las obras de reforma y rehabilitación del centro histórico provocaron en últimos años numerosos enfrentamientos entre el Concello y la Consellería de Cultura

10 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La rehabilitación del centro histórico, de sus calles y plazas e incluso de algunos de sus inmuebles más emblemáticos, ha suscitado en los últimos años múltiples controversias políticas y ciudadanas y fuertes enfrentamientos entre el Concello y Patrimonio de la Xunta. El desmontaje del antiguo edificio del Pitillo, la reforma de A Verdura o el rediseño de la plaza de España, por citar solo algunas obras, derivaron en polémicas que, afortunadamente, se fueron superando. ¿O no?

Esta misma semana saltó la noticia de una nueva discrepancia por el cambio de las farolas de los jardines de Vincenti y los argumentos de los responsables de ambas administraciones vuelven a ser más o menos los mismos. La Consellería de Cultura ha parado la renovación de las viejas luminarias por no haber sido consultada y desde el Ayuntamiento alegan que no son elementos de valor patrimonial a conservar, pues datan de la época del ex alcalde Rivas Fontán.

Las dos polémicas que más calaron en la ciudadanía y que más debate social y político provocaron desde que comenzó la rehabilitación del casco antiguo hasta ahora, fueron las que suscitaron los cambios de las escaleras de la iglesia de San Bartolomé y de la balaustrada del Museo.

En febrero del 2002 la Comisión de Patrimonio ordenaba la paralización cautelar de las obras de reforma y ampliación de la escalinata de San Bartolomé, tras percatarse de su impacto. La actuación se enmarcó en el proyecto de repavimentación de la calle Sarmiento. Y la vieja escalera fue sustituida por una rampa y por nuevas hiladas de piedra y madera para mejorar la accesibilidad al templo.

En este como en otros casos, el modus operandi del Concello era siempre el mismo, la falta de autorización previa de Patrimonio para actuar y la justificación de la obra en base a criterios de accesibilidad, al tiempo que ponía en duda el supuesto valor patrimonial de los elementos afectados con documentación histórica o arqueológica

En esta ocasión, desde la Administración local se argumentó que la escalera reemplazada no era la original de la iglesia, sino que databa de los años 60. Colectivos de personas con discapacitados como Amizade apoyaron al Ayuntamiento en esta polémica, mientras Patrimonio le exigía un nuevo proyecto de intervención en Sarmiento que resolviera el acceso a San Bartolomé con otro tipo de elemento integrado en el monumento y no en la calle.

A día de hoy la nueva escalera construida hace ocho años sigue siendo provisional, pero ya nadie la cuestiona, salvo la Asociación de Vecinos de San Bartolomé, que ha venido insistiendo en que los días de lluvia es resbaladiza y resulta peligrosa.

Más ríos de tinta, si cabe, suscitó la sustitución de famosa balaustrada del Museo, enmarcada en este caso en la reforma de la calle Padre Luis. Fue la gota que colmó el vaso para los que acusaron reiteradamente al gobierno local de «cargarse la fisonomía de los rincones más entrañables de la zona monumental». En esta polémica se vio también implicada la Diputación.

Detractores

Al frente de los detractores de esta reforma se situó la entonces portavoz municipal del PP y vicepresidenta de la Diputación, Teresa Pedrosa, que apoyada por medio millar de manifestantes se encadenó de manera simbólica a la antigua barandilla para intentar evitar que fuera derribada.

El Partido Popular fue quien instó esta vez a Patrimonio a paralizar la supresión de la balaustrada y las escaleras que separaba la calle Padre Luis de la plaza de la Leña. El asunto llegó al Parlamento de Galicia y Consellería de Cultura acabó solicitando al Concello el expediente de la obra de reforma, aunque sin mayores consecuencias.

El Ayuntamiento aportó fotografías históricas de ese rincón sin la balaustrada y las escaleras que pretendía suprimir para tratar de demostrar que dichos elementos fueron instalados en los años 50, poniendo de nuevo en evidencia su valor patrimonial. Mientras que otros informes resaltaban la historia de esa barandilla, procedente del antiguo Pazo de San Román y salvada por Castelao, así como la importancia de las labras que tenía empotradas con una antigüedad de cinco y dos siglos.

El resultado de aquella polémica está a la vista, una balaustrada renovada, ampliada y desplazada de su ubicación original.