A menudo se habla de la distancia que separa el arte contemporáneo del común de los espectadores. Muchos creadores se amparan en un problema de educación artística del público o en ocasiones en la idea de que no deben explicar sus obras, sino que es el espectador quien debe forjarse su propia impresión. Y al contrario, quien pretende interpretar el significado de las mismas nunca tiene las claves para hacerlo, lo que acaba provocando desinterés o crítica.
Para el comisario Santiago B. Olmo, una Bienal «se hace para comprender». De ahí el esfuerzo por contextualizar por primera vez no solo el aspecto histórico de las relaciones entre Galicia y la región de Centroamérica y el Caribe, sino también su realidad actual, a pesar de su diversidad, y los temas que inspiran a todos estos creadores.
En ese esfuerzo didáctico destacan iniciativas como las audioguías ideadas por el grupo Escoitar, con una gran diferencia de las habituales que podemos encontrar en los Museos. Aquí las pistas nos llevan a piezas concretas y son los propios autores los que están al otro lado para explicar su trabajo. Los miembros de Escoitar son también los responsables de la radio de la Bienal (rbp31.org), a la que se accede desde la propia web de la exposición.
También los alumnos de la Facultad de Bellas Artes se han implicado en esta idea de hacer accesible la Bienal pontevedresa, en la que por cierto participan de la forma más activa este año, sobre todo a través de la convocatoria Todos somos negros, sobre la que se alternarán instalaciones en un espacio del Museo. Además, la muestra cuenta con un Laboratorio de Mediación, dirigido por la docente Paloma Cabello, al que los estudiantes han presentado diversas iniciativas a llevar a cabo, como un próximo taller infantil para que los niños puedan crear obras de arte, o la acción titulada Lúa responde, una guía-azafata a disposición del público, es decir, una performance improvisada sobre las maneras de explicar y entender el arte. Estas y muchas otras actividades se irán viendo a lo largo de los más de tres meses que durará esta Bienal, abierta hasta el 12 de septiembre.
Eterna ida y vuelta
La contextualización de la relación entre Galicia y la región de Centroamérica y el Caribe está presente en la primera de las muestras con la que da la bienvenida el sexto edificio del Museo, Ida y vuelta. En ella dialogan artistas actuales como Rolando Castellón, Francisco Leiro o Carlos Capelán con otros históricos como Castelao, Granell, Laxeiro o el cubano Wifredo Lam. En esta sección hay que destacar también las imágenes del fotógrafo de la emigración, Manuel Ferrol. En este caso, se muestran las más desconocidas, y referentes sobre todo a los que tenían que quedarse en el momento de la despedida.
A partir de ahí, El aguacero, la siesta, el cañaveral, el tabaco quiere mostrar la influencia que el mundo del trabajo, lo social y lo político tiene en la obra de los artistas de esta región centroamericana. Impresionan trabajos como el de Jocelyn Gardner (Barbados), con una serie de grabados en los que a los retratos de peinados criollos se superponen elementos de tortura y castigo de las plantaciones. Gardner precisamente pertenece a una de las familias más antiguas de plantadores.
Los crímenes en San Salvador (Mayra Barraza), la peculiar visión del mundo de las prisiones, a través de fotografías de objetos carcelarios y lapidarios poemas sobre su posible uso (Jhafís Quintero, María Montero y José Luis Suárez) o la idea de las repúblicas bananeras están presentes en esta muestra, que guarda múltiples sorpresas. Una de ellas es el trabajo fotográfico de Walter Iraheta, titulado El estilo del hermano lejano, en el que retrata la reinterpretación de la arquitectura estadounidense en las viviendas construidas en San Salvador con las remesas que envían los emigrantes. Un fenómeno que evoca a las casas de los indianos que poblaron Galicia en el siglo XX.
El tema de las remesas también está presente en la instalación de Mauricio Esquivel, que desprendió las águilas de las monedas de 25 centavos y las colocó en una de las cristaleras del Museo, o en una instalación de Adán Vallecillo en la que priman los colores de la Western Union.
Las migraciones son el eje de otra sección, que ofrece imágenes curiosas, como las del vídeo de Donna Conlon con hormigas portando banderas de distintos países. Y vídeos tan reveladores como el que documenta la performance de Regina Galindo sobre los cubículos-prisiones a los que envían a los inmigrantes ilegales en Estados Unidos hasta que se decide su futuro. La artista convivió en uno de ellos con su marido y su hija durante veinticuatro horas.
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