Instantes de la obra de uno de los grandes muralistas americanos

la voz

PONTEVEDRA

«Emociones», de Oswaldo Guayasamín muestra una exaltación de la cultura precolombina y la intensidad de su obra a través de rostros femeninos.

04 feb 2010 . Actualizado a las 19:41 h.

Oswaldo Guayasamín (Quito, 1919-Baltimore, 1999), en palabras de Pablo Neruda, formaba junto a Orozco, Rivera, Portinari y Tamayo «la estructura andina» de la pintura en el continente sudamericano.

«Guayasamín -subrayaba el poeta chileno- es uno de los últimos cruzados del imaginismo; su corazón es nutricio y figurativo, está lleno de criaturas, de dolores terrestres, de personas agobiadas, de tortura y de signos. Es un creador del hombre más espacioso, de las figuras de la vida, de la imaginación histórica».

Los intensos trazos que dibujan la obra del artista ecuatoriano, considerado uno de los grandes muralistas sudamericanos y cuyo trabajo está presente en los principales museos del mundo, son ahora visibles en Pontevedra. La sala de Caixanova ofrece las obras pertenecientes a dos de las series de grabados más importantes de Guayasamín, La conquista de México y Emociones. La primera muestra una exaltación de la cultura precolombina que se nutre, según destaca Caixanova, «con el colorido de la tierra, la luz del continente americano y la iconografía indígena» (el creador era hijo de indígena y mestiza y su nombre en quechua significa ave blanca volando). Por otro lado, Emociones, recoge toda la intensidad atribuida a su obra a través de los rostros de veinte mujeres «que son veinte sentimientos, veinte emociones de incontenible potencia».

En estos retratos destaca especialmente el impacto de los ojos, la expresividad que muestran las manos y la fuerza de los rostros desgarrados, que no dejan indiferente al espectador y constituyen la esencia del arte del ecuatoriano. El propio Guayasamín reconocía que su pintura era de dos mundos: «De piel adentro es un grito contra el racismo y la pobreza; de piel para fuera es la síntesis del tiempo que me ha tocado vivir».