Álex Vázquez contagió su vocación creativa a su hija, que compagina la dedicación a la pintura con sus estudios de Arquitectura en Madrid
06 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Puede decirse que por las venas de Amelia Vázquez-Palacios corre arte. Esta estudiante de Arquitectura tiene un magnífico precedente en el tío abuelo de su padre, el arquitecto Antonio Palacios, autor de las primeras líneas del Metro de Madrid y de edificios como el Círculo de Bellas Artes de la capital. Pero el dibujo técnico no es el único en el que está interesada. Pinta desde que era niña, algo que veía natural porque era lo que tenía en casa. Su padre es el artista Álex Vázquez, afincado desde hace 30 años en la ciudad.
«Para mí, pintar no era nada extraordinario, es algo que ha estado siempre ahí -comenta Amelia-. Pero quizás comencé a tomármelo más en serio cuando vine a estudiar a Madrid». Tiene una exposición de sus obras en un despacho de abogados y el próximo día 12 inaugurará otra en Boiro.
Hasta que llegó el momento de marcharse de la ciudad, padre e hija iban juntos a todas las inauguraciones de muestras. «Siempre ha estado muy unida a mí -dice su padre-. Y desde que se fue, siento que me falta algo en la mano cuando voy por la calle». Así que cuando va a la capital a visitarla un par de veces al año, «son dos días de patearnos museos y exposiciones, que disfruto muchísimo compartiendo con él», dice Amelia.
Su padre también recuerda que él pinta «desde siempre» y que en su afición encontró todo el apoyo de sus padres, «que no me prohibían hacer nada ni que ensuciase nada», aunque la cosa cambió cuando quiso estudiar Bellas Artes. «Mi padre no lo consideró oportuno y acabé en Madrid estudiando en el ICADE, pero lo dejé al segundo curso», cuenta. Y fue así como pasó al campo de la publicidad, primero en Madrid y luego en Vigo, de la mano de su progenitor Isidro Vázquez-Palacios, uno de los pioneros del sector en Galicia desde los años 60. Pero nunca abandonó el arte. «La publicidad es lo que me da de comer, aunque en estos momentos la pintura también va bien», señala.
Él reconoce que dio «libertad total» a su hija para expresarse, aunque ella tenía claro desde los cuatro años, según su padre, que iba a estudiar Arquitectura. «Me gustan todas las cosas que estudio en esta carrera, lo que es una suerte -afirma Amelia-. Tiene muchas salidas y me gusta desde el diseño de stands para exposiciones al planeamiento urbano o el diseño industrial. Lo voy a tener complicado...».
También ha hecho sus pinitos en el campo del vídeo arte con un grupo de amigas y es que, ahora que está empezando a tomarlo en serio, asegura que no quiere cerrar «ninguna puerta» de cara al futuro.
Distintos estilos
Padre e hija comparten taller cuando coinciden en Pontevedra, pero trabajan por separado. Álex por las mañanas y Amelia por las tardes, «porque además para pintar hay que poner música, y cada uno tiene la suya», apunta el padre. Su estilo es radicalmente distinto y mientras Álex es figurativo y en estos momentos apuesta por el paisaje de color -puede comprobarse en la exposición que ofrece hasta el día 8 en el Centro Social Caixanova de Vigo-, Amelia es más «informalista», en palabras de su padre, y, aunque a veces sugiere paisajes, sus tonos son más grises. «La verdad es que no nos parecemos nada», corrobora la hija.
«Pero lo comentamos todo -añade Álex Vázquez-. A veces, cuando estás creando estás lleno de dudas, y cuando acabas, te falta frialdad para razonar lo que hiciste. Necesitas tener alguien al lado que te diga las cosas y no te haga la pelota. Eso lo hacemos uno con el otro. Nos animamos, sí, pero nos decimos lo que hay».