María Isabel Martínez amplía su negocio pese al acoso de las descargas ilegales
08 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«Que me digan 'esta película me la bajó mi hijo' es el mayor desencanto que me puedo llevar. Sientes una puñalada tan grande que no lo puedo explicar». Así de contundente se muestra la propietaria del videoclub Max Vídeo, María Isabel Martínez. Pese a que las descargas ilegales echan cada año un poco de tierra sobre la supervivencia de estos negocios, esta joven pontevedresa no piensa rendirse y ha ampliado su negocio de 60 a 90 metros cuadrados. «Este videoclub se llevó siempre ajeno a todas las crisis porque amo lo que hago. Es como un matrimonio. No van a dejarlo por una crisis que tengan», explica Martínez.
Entre sus más de siete mil películas, hay series actuales, antiguas, cine clásico, rarezas, actualidad... una oferta tan amplía que en algunos casos, hay vídeos que apenas fueron alquilados dos veces desde que los compró, pero «es una forma de reinventarse, cada uno tiene su público, el cine no comercial no da dinero pero da clientes», lamenta.
La crisis golpea dos veces a este sector. Por un lado, las descargas ilegales que les quitan oxígeno poco a poco y por otro, la que mantiene pendiente de un hilo a medio planeta. Dos embestidas difíciles de sortear y que María Isabel supera a golpe de trabajo. «Entro a las once de la mañana y salgo a las once de la noche de lunes a lunes. Otros prefieren poner una cajero fuera e irse a la playa. Yo tengo que recortar mis gastos personales y no tengo ni vacaciones, pero el negocio es intocable. El videoclub absorbe el dinero», asegura.
El trato con la clientela es tan cercano, que una de ellas, Susana Gómez, acabó por convertirse este año en su socia y ahora posee el 20% del negocio. Así pudo ampliar el negocio y para ello contaron con el apoyo incondicional de sus familias, «sino sería imposible». Su lucha por sobrevivir no entiende de recesión ni de descargas.