Durante la Feria Franca no hay distinción de procedencias, sino de clases sociales. La época del medievo diferencia a sus ciudadanos por su trabajo y sus vestimentas.
El mercado medieval de artesanía se instaló en la Plaza de A Ferrería y acogió la diversidad de los oficios de la época. La explanada sirvió para que los diversos gremios mostrarán sus habilidades in situ, jarrones o cestos recién hechos, captaban la atención de los paseantes. «Es la primera vez que vengo a esta fiesta y estoy muy alegre porque hay buena aceptación por parte de la gente», comenta el fabricante de monturas de caballos y objetos de cuero. Campesinas y cruzados, princesas y judíos se pasearon por los diversos puestos de artesanía, cestería o caligrafía medieval. A la fiesta se unió un jorobado que pedía limosna con la mejor de sus sonrisas. «La gente se acerca, me saca fotografías y me toca la joroba, incluso pasan boletos para ver si hay suerte y toca», comentó Rafael Córdoba.
A pesar del trabajo, era un día de fiesta y no podía faltar la música. Luis, un músico ciego recitaba versos del cancionero popular acompañado con la melodía de su zanfoña. «Eu non puiden escoller a miña clase social, son mendigo e vivo da música e da miña voz. As cantigas aprendinas na montaña do Jaliñeiro», explicaba Luis que pertenece al grupo de O Caruncho. Mientras él se encarga del canto del ciego, el resto de integrantes del grupo se ocupaban de la animación por las calles pontevedresas.
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