Hay vida más allá de la televisión

La Voz

PONTEVEDRA

La exploración de la realidad debería suponer la exploración de las diferentes maneras de contarla. En muchos sentidos, éste es uno de los méritos del Play-Doc: explicar a los espectadores que hay otras maneras de contar.

La cuarta edición del festival tudense se ha decantado, más si es posible que en ediciones anteriores, por volverse sobre los conflictos de lo humano en el presente. Si el documental es capaz de explicar, es porque es un instrumento útil. Pongamos por caso Bajo Juárez y la manera en que la película evidencia que en la violencia contra las mujeres o hay respuesta de la justicia o solo queda la impunidad.

Otra perspectiva que ofrece el festival es una demostración a contracorriente. El documental no es un género destinado a perderse en la televisión. No es solo un formato televisivo para rellenar plataformas de cable o satélite o para cubrir segundos canales o canales temáticos. Que la televisión sea una opción no debería condenar al documental a una única salida.

También es verdad, como desmuestran las películas de Kowalski, que los directores de documentales deben substraerse a esa tentación de reducirlo todo a una sucesión de declaraciones de testigos y de sus parientes, unidas a algunas imágenes de archivo. Un documental no puede ser un reportaje ampliado más allá de lo que permite la televisión.

La otra especialización que este año ha buscado el Play Doc es la de la música. No muy grande en número, pero sí suficiente para demostrar que hay vida más allá del videoclip y que incluso en un territorio tan mitificado como el de la música pop casi todo lo que sucede es por algún motivo y, lo mejor de todo, se puede contar.