La firma del complejo de interpretación de A Caeira achacó ayer de nuevo el retraso en las obras a modificaciones en la actuación
La historia volvió a repetirse. Los responsables de la empresa que construye el centro de interpretación arqueológica de A Caeira reiteraron ayer a Luciano Sobral los retrasos que acumulan estos trabajos.
Lo cierto es que si bien la obra tenía que haberse entregado a finales del año pasado, aún no se dispone de una fecha concreta para que finalicen los trabajos. En cualquier caso, Sobral precisó que todo tiene que estar concluido en abril, ya que es en ese mes cuando se tiene que justificar ante el Proder las tres cuartas partes del presupuesto: «Alegan cuestións técnicas derivadas da dirección de obra (...), que os arquitectos tiveron que modificar algunha cousiña», apuntó el regidor.
La situación del complejo de interpretación, que estará ubicado físicamente detrás del Casal de Ferreirós, contrasta con la del proyecto audiovisual, que ya está rematado y entregado al Concello de Poio. De hecho, las pantallas y el equipamiento que conforman la iniciativa acumulan polvo desde hace semanas en dependencias municipales.
¿Cuál es el objetivo de esta iniciativa cultural? En palabras de Luciano Sobral, «é un centro de interpretación onde se vai recoller básicamente a área arqueolóxica que hai na Caeira, os petroglifos, pero tamén incluirá outras zonas de Poio nas que hai algún resto. É o caso de Liñares ou da mámoa de Campelo, algo sobre o castro que hai na zona de Xuviño».
Objetivos
Paulatinamente se irá completando la instalación «con todos os xacementos que hai no Concello, como é o de Samieira, onde moitas das súas pezas están no Museo de Pontevedra, así como pezas dunha excavación no entorno da capela de San Martiño, na que apareceu un monumento funeraria».
En definitiva, nace con el objetivo de «por en valor os petroglifos que hai no municipio».
Esta iniciativa se complementará con una actuación en la zona de Boavista, una intervención que el propio alcalde de Poio reconoce que acumula más demoras que el centro de interpretación.
En este caso, el escollo se encuentra en los propietarios de los terrenos en los que se ubican los petroglifos. Ayer, Sobral reiteraba que se sigue negociando con ellos para la cesión de los terrenos, pero que todo parece encaminarse irremediablemente hacia la compra o, en último extremo, la expropiación.
Al parecer, los afectados plantearon una recalificación de los terrenos para poder edificar, «pero iso é materialmente imposible, polo que as outras opcións serían a compra directa si hai acordo no precio ou a expropiación». Y es que, al menos dos petroglifos, están catalogados como Ben de Interés Cultural, circunstancia que hace inviable una recalificación del suelo que posibilite la construcción en su entorno, precisó hace algunas semanas el regidor municipal.
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