Es la realidad superando a la ficción. Diputada en Madrid por el PP, sabe que no siempre repetirá en las listas, así que le buscan una plaza en la Dipu, grupo A, unos 3.000 euros. No son oposiciones difíciles de esas con 1.000 aspirantes, bastará disimular con dos o tres candidatos haciendo de extras. Es todo tan oscuro que las academias ourensanas no preparan concursos al Concello o Diputación si el tribunal lo forman estos organismos. Tras cientos de colocados cada caso sigue levantando polémica, pero a Baltar no le preocupa, los votantes llevan veinte años tolerándoselo ¿por qué cambiar?
Fue camarero toda su vida, 55 horas semanales por 596 euros al mes. Una enfermedad crónica le cogió en la mitad. Después de cotizar 24 años está recibiendo una prejubilación de 440 euros. Necesita un complemento. Es un tipo entrañable: «Con la crisis hay competencia en todo, incluso en lo que estoy ahora, el reciclaje, bueno reciclaje, lo que vulgarmente se conoce como recoger chatarra».
Era parlamentaria en Santiago por Ourense, acusó a Rodríguez Miranda de cobrar dietas irregularmente pero se descubrió que ella hacía algo parecido. En Europa estaría obligada a dimitir, pero el PSOE le dio una patada hacia arriba, su nuevo chollo, presidenta del instituto no sé qué de la mujer; los 5.000 euros al mes no hay quien se los quite. El PSOE no olvida a lo suyos, la última remesa que entró en el Concello frecuentaba la sede.
Terminó la carrera de Teleco, pero la chica tiene un problema, ama a Ourense, quiere trabajar por aquí. Ignora que los políticos han malgastado durante años en improductividad, apenas hay industria, por no haber no hay ni suelo industrial (el BNG estuvo 4 años engañándonos desde la Xunta con eso de que harían un gran parque empresarial). La chica tendrá que enviar currículums más allá del Padornelo, nueva fuga de cerebros y el ciclo de la emigración alcanzando a otra generación. Ourense es cruel. Depende.
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