Con la premisa de que el dinero ha de invertirse en proyectos de educación por la paz, la viuda de Xesús R. Jares donó ayer los beneficios de los derechos de autor del profesor (correspondientes al 2008) a la comunidad educativa de Viana. Los colegios de Vilariño de Conso y A Veiga, así como el colegio y el instituto vianeses, fueron los destinatarios de la ayuda, que asciende a más de 2.000 euros. La donación se ejemplificó ayer en un acto celebrado en el IES Carlos Casares, al que asistieron los miembros del consello escolar, los chavales del equipo de mediación en conflictos y varios familiares del fallecido; además de representantes de los cuatro centros educativos incluidos en el proyecto.
El destino del dinero todavía no está claro en todos los casos, aunque sí en otros. Así, desde el instituto vianés destinarán una parte a becar a un alumno de la escuela Timoteo Rondales, de Bermejo (Bolivia), con la que están hermanados. «Una oportunidad para nuestros jóvenes», según la definió Jeanette Rivero, que participó en el acto desde el otro lado del charco a través del hilo telefónico. «Aunque no esté con nosotros, Suso sigue estando aquí como un filántropo», explicó en una comunicación que, por momentos, se hacía difícil.
Un final con música
El agradecimiento fue devuelto por parte de Paz Raña (en cuyos ojos brotaron las lágrimas por momentos, en una emoción contenida que se prolongó durante la media hora que duró el acto), quien aseguró que «el mejor regalo para Suso y su familia es que una brizna de su trabajo tenga unha dimensión tan espectacular, y más en este caso, porque Suso amaba Latinoamérica», explicó. Después expresó su convencimiento de que «si estuviera vivo, cogería el primer avión para ir a conocer de primera mano vuestro proyecto».
No dudaría, el alegado de Antonio Flores contra la violencia en forma de canción, cerró el acto. Fue después de que una de las estudiantes que conforman el equipo de mediación en conflictos, Cristina Clavería (con cuatro años de experiencia en el tema), leyese un texto en defensa de una convivencia en paz. La «p» fue la letra con la que empezaban palabras como «paz, pobres, Palestina, pateras, pan...», acompañados de un relatorio con las injusticias del mundo que nos rodea.