Hamaca, edredón y víveres para una larga espera

OURENSE CIUDAD

No predica Mercedes Bouzas González la acción directa, aunque pudiera, pero el proceder de esta mujer en Ourense tiene un aquel didáctico, de cómo un civil desarmado, ajustándose a las absurdas y anacrónicas normas que una no menos oxidada Administración impone, puede ganar. Y seguramente hacer enrojecer a quienes han demostrado su incapacidad para atajar un problema que se prolonga sin solución durante meses, «sin siquiera una maldita tirita que pudiera poner remedio al pobre espectáculo».

El martes, a las dos de la tarde, se instaló Mercedes Bouzas con su hamaca, un edredón y víveres ante la puerta de la Comisaría de Ourense que da acceso a la oficina que tramita el DNI. Diecinueve horas después, su sobrino Jorge, de 12 años, tenía en su poder el documento. Atrás quedaba una muestra de ciudadanía, amén de paciencia y temple, adornada con un elegante toque de rebeldía.

A las diez de la noche del martes, cuando ya la tele había difundido imágenes de la acampada, encontró Mercedes la solidaridad de las primeras personas que se aproximaron para preguntar si podían ayudar. A la misma hora, por razones puramente formales y «con exquisita cortesía, que se prolongó durante toda la noche, atentísimos», recuerda, la policía le pidió que se identificase. Hasta la medianoche tuvo compañía y a partir de entonces se propuso descansar. Apenas tuvo tiempo. A las tres y media apareció la segunda persona para hacer cola. El eje de la conversación era inevitable. Una hora después, se presentó el tercero. Y, a partir de ahí, un goteo constante, hasta que, antes de las siete de la mañana, acaso para facilitar el trabajo de fotógrafos y cámaras de televisión, la policía puso algo de orden. Otros días no es necesario, pero ayer sí lo era.

Algo antes de las ocho de la mañana llegó Jordi , el sobrino, desde Baños de Molgas. A esas alturas, ya había cedido Mercedes su hamaca para que una señora mayor descansase un rato. Había llegado a las cinco de la madrugada y, como los demás, aguardaba de pie. Lo más suave que se escucha es lo vergonzoso y tercermundista de hacer cola para la obtención del documento de identidad más moderno del mundo. O algo así es, según dicen.

La Administración, por cierto, contribuyó a la escenificación. Algo indeterminado falló y la entrega de las citas se hizo a mano, con papeliño y anotación manuscrita. Con el número uno, el chaval de Baños de Molgas pudo gestionar su nuevo DNI electrónico y mostrarlo, ya suyo, mientras la cola seguía viva, con numerosas personas estirándose por las escaleras y a un lado del edificio oficial.