Once millones de pobres

OPINIÓN

I soportable el dato del crecimiento del desempleo en el mes de enero: 177.000 nuevos parados en el primer mes del marianato. La mañana amaneció gélida, heladora en el clima y en las noticias económicas. Antaño un viejo refrán aseguraba que ayer, por la Candelaria, era «o día no que se casan os paxariños» y al recordarlo recuperé una sonrisa nostálgica.

Un observatorio independiente cifra en once millones los españoles en el umbral de la pobreza y en riesgo de exclusión. La Europa de los pobres es ya una realidad que convive en el arrabal ciudadano con la Europa de la opulencia, patria de la soberbia donde se ha afianzado la peor de las lecturas de un capitalismo que tiene como norte la codicia. Vivimos una exaltación de la cultura de los expedientes reguladores, de las suspensiones de pago, de los fracasos concursales. Las páginas económicas parecen la sección de sucesos, las ventanillas de la banca que todo lo puede permanecen cerradas mientras el primer banquero del país culpabiliza a la clase política en una increíble pirueta dialéctica.

Quinientas mil empresas ahogadas por la falta de crédito, por la caída del consumo y por el achique del mercado han desaparecido este último ejercicio fiscal, y en el horizonte cercano se contempla como dato no exagerado alcanzar un número de parados que ronda los seis millones.

En el trienio de la crisis, trescientos mil jóvenes españoles han emprendido el camino de la emigración, y once millones de pobres son el balance de un país que ha desmantelado su riqueza industrial y empresarial.

Se han encendido todas las alarmas. Cáritas no da abasto acogiendo y tutelando a los que nada tienen. Los bancos de alimentos abastecen a miles de familias. Cocinas económicas, caridad de instituciones religiosas y mecanismos públicos ayudan solidariamente a ese millón y medio de hogares en los que ningún miembro de la familia tiene ingresos por rentas de trabajo.

Por pueblos y ciudades, grupos de excluidos ejercen la mendicidad a las puertas de las iglesias , en las áreas comerciales y en los centros urbanos, como hace años que no sucedía. Los sintecho no son una anécdota, y no hay plazas suficientes en albergues y centros de acogida.

Y el cronista no carga las tintas, pone negro sobre blanco datos de noticias publicadas, cifras que estremecen, aldabonazos sobre nuestra conciencia. Los once millones no son afortunadamente «pobres de pedir», aunque la frontera aún difusa no está lejana.

Y otro informe de distinta índole dio cuenta «o día en que se casan os paxariños» de la desaparición de millones de gorriones de los cielos y parques de las ciudades, pero eso es otro artículo, que ayer fue la Candelaria, y hoy, en otros tiempos, arribaban por San Blas las cigüeñas.