Mi café

César Antonio Molina

CULTURA

Desde hace años el café Vecchio, en la calle Real, es mi oficina durante los días que paso en Coruña. Allí quedo con amigos y compruebo el palpitar de la ciudad. Hace unos días estaba rodeado de turistas ingleses que acababan de desembarcar de un gigantesco buque. Tomaban sus bebidas y admiraban el mural de Urbano Lugrís que recrea imaginariamente el mapa de la ciudad herculina.

Uno de ellos se levantó y comenzó a hacer alabanzas del mismo y a señalar todos los evidentes desperfectos que acumulaba. Sus comentarios me dieron vergüenza y no intervine en la conversación porque no tenía argumentos para la defensa. Es cierto, ¿cómo se puede mantener a la vista pública una obra de arte tan bella y valiosa en semejante estado de conservación? Roturas, humedades, líquidos derramados, grietas, etcétera, están haciendo desaparecer la obra de uno de los más grandes pintores españoles y uno de los primeros gallegos de todos los tiempos.

El mural debería tener un cristal de protección y una temperatura adecuada permanente. No sé quién es el dueño del bar, pero él es el responsable si esta obra de arte se transforma en irrecuperable, como los frescos romanos que se borraban en la obra de Fellini, Roma . Pero también las instituciones públicas locales y regionales deberían tomar cartas en este asunto tan grave. Urbano Lugrís forma parte de lo mejor de la cultura gallega y, por tanto, de nuestra identidad como gallegos, que nos vemos afrentados ante semejante abandono.

¿Volveré al café Vecchio? Yo esperaré a que arreglen el mural de Urbano Lugrís. Y espero que se haga pronto.