El director de la RAE se conduele por la catástrofe chilena y confirma el formato virtual para sustituir a la frustrada cita en Valparaíso
03 mar 2010 . Actualizado a las 10:45 h.La madre naturaleza ha segado en segundos más de 700 vidas en Chile y ha impedido la celebración de la que debería ser la gran fiesta del español. Víctor García de la Concha (1934), director de la RAE desde 1998, vivió en carne propia el pavoroso siniestro y no podrá acoger a los centenares de expertos llamados a reunirse esta semana en Valparaíso. Desde allí expresa sus condolencias al pueblo chileno y su frustración por la suspensión.
-La que debía ser gran fiesta del español se ha tornado en funeral por imponderables de la naturaleza. ¿Se siente muy afligido o frustrado?
-No es una cuestión de frustración personal. Me siento triste y abatido, en primer lugar, por los efectos devastadores de esta catástrofe, y así lo hemos expresado los representantes de todas las academias, en una declaración de condolencia con el pueblo y las instituciones chilenas. Es una tragedia para Chile. Y me siento desilusionado porque no se haya podido celebrar el congreso en un país que tanto trabajo y entusiasmo había puesto en él. Eso es lo que más nos duele.
-¿Hay nuevas fechas o nueva cita para el congreso? ¿Qué se plantean la RAE y el Cervantes para que el esfuerzo realizado hasta ahora no quede en agua de borrajas?
-No puede haber fechas ni otros detalles en estas condiciones. Por eso hemos recurrido al formato virtual, a través de la Red, de acuerdo con el Gobierno chileno y con el Cervantes. Este quinto congreso era, es y será siempre el de Chile.
-¿Tiene sentido convertirlo en una reunión virtual?
-Es una opción, una alternativa (que no excluye otras) para que puedan conocerse, al menos en parte, los importantes trabajos preparados para esta ocasión, tan dolorosamente alterada. La página web del congreso acogerá las ponencias, comunicaciones y discursos, siempre, insisto, vinculadas a Chile.
-¿Su diagnóstico del idioma español?
-Está en fase expansiva. Hispanoamérica es la clave de la expansión de un idioma que penetra en Estados Unidos y Brasil, amplía el número de hablantes y el interés por conocerlo. Como lengua materna es la segunda tras el mandarín, por delante del inglés. Crece su estudio en Asia y en la antigua Europa del Este. Hay además un acercamiento entre los países hispanohablantes, para el que es decisivo el papel de la RAE y las otras 21 academias, con una política lingüística panhispánica que refleja nuestro esfuerzo por servir y potenciar su unidad. Sus frutos son la ortografía consensuada, el Diccionario panhispánico de dudas o la Gramática, un éxito inesperado de ventas y aceptación. España había vivido un poco de espaldas a América y la RAE fue la primera con ideas claras para cambiar esto. Con la independencia de las provincias ultramarinas y el nacimiento de las repúblicas, promovió la creación de academias propias. Siempre hubo relaciones, pero ahora han cobrado una dimensión más amplia, profunda y comprometida.
-En buena medida gracias a usted, que dedica el 80% de su labor a América.
-En el siglo XIX esta casa tenía claro que se trataba de una causa compartida y en el XX emprendió acciones en esa línea. Nos ha tocado un tiempo con unas comunicaciones aceleradas vertiginosamente. Cuando se crearon las academias nos comunicábamos por carta y barco. Luego vinieron el teléfono y el correo aéreo. Con la informática todo es más fácil. La Gramática hubiera sido impensable sin instrumentos informáticos.
-¿Cómo se defiende el español en Internet?
-Ocupamos el tercer puesto, pero es obvio el desnivel entre países hispanos. Los hay con muy baja cuota y otros con presencia muy relevante. Esta está ligada al nivel del PIB, de modo que a más renta, más banda ancha. Si miramos lo que éramos hace cinco años, el avance permite pensar que estamos en el buen camino. Debemos trabajar más para corregir la desigualdad, y lo abordaremos en el congreso. Donde más se acusa el déficit es en la comunicación científica, que tiene el inglés como lengua convencional propia.