Patinha tiene su taller en A Faísca, en Narón. No muy lejos del monasterio de San Martiño do Couto, cuyas piedras custodian todo el anónimo talento de los canteros del medievo gallego. Canteros como los que labraron los sepulcros de los viejos caballeros de la familia Esquío...
-¿Qué está llamado a sobrevivir, y qué está condenado a perecer?
-Yo creo que el tiempo hará desaparecer, posiblemente, todo lo que carece de autenticidad. Los grandes artistas lo son frente a nosotros porque su obra ha pervivido. Por eso es tan difícil decir qué quedará de lo que hacemos cuando lo tenemos tan cerca. No se puede juzgar desde la inmediatez. Es necesario que pasen varias generaciones. Los que labraron las piedras de O Couto perpetuaron el legado de su época.
-¿Qué papel desempeña en su obra la tradición?
-La tradición, sin duda, es muy importante para mí. Debería serlo para toda la humanidad. Yo no puedo dejar de mirar lo que esculpieron quienes nos precedieron.
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