Cristian, uno de los once matrones en activo en Galicia: «Fue un flechazo ver el poder que tiene el cuerpo de una mujer en el parto»

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Cristian junto a su pareja, también matrona, y su hijo.
Cristian junto a su pareja, también matrona, y su hijo. ALBERTO LÓPEZ

Es matrón influencer, papá y fundador de Matronas e Nais. Autor de una tesis doctoral pionera sobre la calidad de vida en el embarazo, Cristian Martín Vázquez forma una pareja 24/7 con Laura, dos matronas unidas por el amor al oficio que se llevan los partos a casa... «La postura en el parto importa», asegura

07 abr 2024 . Actualizado a las 18:23 h.

«María, ha aumentado mucho de peso, deje de comer basura y cuídese», plantea a brochazos una escena convencional uno de los once varones que hoy constan como matrones en activo en Galicia. Cristian Martín Vázquez es matrónmatrona», prefiere decir él) por «un flechazo», por un golpe de amor a primera vista que cuajó en una historia entre dos personas y con un tercero por la concordia, su profesión. Hoy, ultima en la Universidad de León una tesis pionera sobre calidad de vida de las mujeres y el apoyo social en el embarazo como factor diferenciador. Para que ese tipo de escenas en las que a la embarazada se la ve como una incubadora dejen de suceder.

Cristian es fundador junto a su pareja, Laura, matrona y madre de su hijo Lucas, de Matronas e Nais, «un proyecto humilde» que nació en Lugo para acompañar a la mujer «en todas sus etapas vitales, especialmente en el gran viaje de la maternidad». «Las mujeres embarazadas han perdido calidad de vida a raíz de la pandemia», avanza Cristian, que ha pasado de la parte asistencial al ámbito docente e investigador. 

 «Es necesario un cambio en la atención perinatal. Atender a una mujer embarazada no es controlar el peso y hacer ecografías. Lo que propongo es que nos centremos no solo en esa atención ecográfica y las analíticas, sino también en otras cosas, como son la calidad de vida de la madre, el apoyo social que recibe o las alteraciones mentales que se producen en el embarazo, porque de ahí parten a veces patologías». Digamos que más vale prevenir que tener un mal parto o un posparto lamentable sin saber por qué razón. «Si hacemos cribados de alteraciones mentales y emocionales en el embarazo, junto con la preparación al parto [instaurada para todas las usuarias del Sergas], vemos cómo mejoran ellas en bienestar emocional. La muestra que he hecho para la universidad ha sido con población de Ponferrada, pero puede ser un área similar a la de Lugo», explica Cristian.

¿Cómo está Galicia en atención al embarazo respecto a otras comunidades? «No tengo los datos, pero sí puedo decirte que tenemos una guía de atención al embarazo normal protocolizada. Hay ya áreas sanitarias en Galicia en las que el embarazo de bajo riesgo lo lleva la matrona de forma autónoma, solo con el médico de atención primaria. Esto es un avance respecto a otras comunidades, en las que el control del embarazo lo sigue llevando el ginecólogo en el hospital, y eso quiere decir que la matrona en Galicia está asumiendo las competencias que tiene según el BOE, se les están dando desde la Consellería de Sanidade. Con ello conseguimos mejores resultados en cuanto a control del embarazo. Nuestras consultas son más humanas y cercanas, no porque seamos mejores, sino porque tenemos más tiempo para ver a una mujer. No solo vamos a mirar la ecografía y a programar la cita del siguiente mes».

La materia sensible que aborda este matrón, que ha arbitrado la fase final de la Supercopa femenina de baloncesto, está en el corazón de su relación de pareja. Él y Laura, Matronas e Nais, son una pareja de matronas que se gestó antes de que los protocolos anticovid entrasen en los paritorios. Fue en una residencia en Lugo en el 2017 cuando coincidieron por primera vez. Ella se mudó desde Salamanca a Galicia con billete de vuelta, pero Lugo la enamoró y se quedó... Coincidir con Cristian en el paritorio también influyó.

«Ser los dos matronas es una suerte, te permite compartir mucha información —dice Cristian—, pero también hace que te pongas el listón alto. Te preocupa el qué dirán». Pero se puede ir contra la presión social con el rigor de lo profesional pasado por el filtro de la experiencia cotidiana. Lo ideal no existe, ¿no? «Claro. Tener un hijo, la crianza de Lucas, a nosotros nos ha ayudado mucho a entender y a ayudar a las familias con ese conocimiento de lo real. Nos ha hecho entender eso que digo: que en la crianza hay que ser flexibles. Es importante saber qué es lo ideal, pero es importante sobrevivir». Lo ideal, detalla, es no dormir siestas con el bebé boca abajo en la mochila de porteo porque «aumenta la probabilidad de muerte súbita del lactante», pero «igual es la manera que tienes de no fastidiar la siesta». La presión laboral, familiar y social «hacen mella» y ante eso la flexibilidad es medicina. «No hay que hacerlo todo por el libro, podemos levantar el pistón por momentos sin tener que sentirnos culpables. Muchas mujeres nos preguntan, por ejemplo, por el uso de chupete... Si el niño está una hora seguida llorando a las dos de la mañana por que le des el chupete no pasa nada. Otra cosa es meterle el chupete nada más nacer y que lo tenga todo el día. ¿Uso del chupete? Hay que evitarlo el primer mes, sí, pero también hay que estar en casa de esa mujer que ha tenido una cesárea, lleva dos semanas sin descansar y tiene al niño llorando 90 minutos con cólicos. ¿Cómo le vas a decir a esta mujer: ‘No se te ocurra darle el chupete el primer mes’?», reflexiona el matrón.

Conectar con cada familia es la prioridad de esta pareja de matronas influencer que medra en Lugo. «Si eres trabajadora autónoma, ¿cómo te voy a decir yo que hagas seis meses de lactancia exclusiva? Tú ya sabes qué es lo ideal según la OMS. Yo debo darte herramientas para que tu lactancia sea lo mejor posible. Muchas veces lo que veo es que vienen buscando el apoyo que no tienen en casa, si encima las cuestionamos... Una matrona no solo acompaña el embarazo. A mí me importa no solo cómo está la mujer, sino saber por qué no la acompaña su pareja», concreta.

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La vocación tiene una historia. De pequeño, Cristian jugaba mucho con muñecos, más a darles clase que a hacerles revisiones médicas. Ya de mayor, en unas prácticas en el antiguo Hospital Xeral de Lugo, le tocó estar en partos. «Y fui sin expectativas, como quien va a urgencias. Pero me trataron tan bien... Y vi el poder que tiene una mujer en el parto. Me tocó mucho. Me gustó tanto ver ese poder y poder ayudar a mujeres embarazadas a traer a sus hijos al mundo que dije: ‘¡Quiero ser matrona!’. Fue un flechazo», cuenta.

La independencia de la matrona respecto a otros profesionales también lo movió a decantarse por la profesión. Tras ese flechazo, él descubrió otros aspectos que le gustaron (asesoría anticonceptiva, apoyo de la salud sexual en adolescentes con la prevención de las enfermedades de transmisión sexual...). En Lugo, Cristian trabajó siempre con mujeres, pero en Ponferrada, del 2019 al 2021, coincidió con un matrón que se convirtió en uno de sus mejores amigos. «Y es bonito trabajar con varones», reconoce este profesional del cuidado.

¿Os lleváis Laura y tú los partos a la cena? «Sí, nos llevamos los casos a casa. Aunque intentemos no hacerlo, es muy difícil. Si Laura sale del hospital emocionada por un parto me lo cuenta... Si, estando embarazada, asiste a una pérdida gestacional de 25 semanas veo cómo viene destrozada. Claro que nos traemos las historias a la mesa y al sofá de casa. Y hasta paramos la serie de Netflix para contarnos un caso de lactancia. Es difícil separar la vida de la profesión», revela Cristian. Por partes solo sabe ir Jack el Destripador.

Es «saludable desconectar» en casa. Pero cuesta. «A veces te entregas a que una mujer tenga un parto natural y tras 12 horas acaba en cesárea. Lo sientes como un fracaso tuyo, aunque no sea un fracaso», recalca Cristian, que dice que lo «más gratificante» llega para él «cuando todo está de culo y acaba en parto idílico». «Esas veces en que les dices: ‘Tenías cara de cesárea y qué parto más bonito ha sido’. Y solo por dos detalles, como un cambio de postura».

La postura importa en el parto, y mucho, asegura. «La decúbito lateral provoca menor tasa de episiotomías y desgarros. Que las mujeres se muevan en el parto importa», ilustra este docente e investigador que entiende que en cada parto hay «algo mágico». Pero no es cosa del azar y la Luna. Como no lo es que una mujer tenga un buen embarazo. «La calidad de vida de la embarazada es importante. Y las que tienen mejor calidad de vida son las mujeres que cuentan con una red social de apoyo», concluye este investigador que bailó como padre y matrona en el parto de Laura para recibir juntos a su hijo, Lucas. Y que sabe que el arte de nacer no es solo cuestión de saber dar unos pasos...