Martín Barreiro: «Aún no me dejan presentar con el pañuelo en el bolsillo»

Aquel chico del tiempo que informaba en Galicia luciendo coleta es hoy todo un «gentleman» que marca estilo no solo por sus trajes, sino por su sabiduría y oficio

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Aunque en su entorno más cercano le llaman Martiño, se ha acostumbrado ya a que todos lo conozcan como Martín desde que comenzó a presentar el tiempo, en verano del 2010, en Televisión Española. Pero para la mayoría de los gallegos sigue siendo «el de la coleta», el chico que a diario informaba en la TVG con un estilo peculiar representado en ese pelo largo atado en una goma. Y es que para Martín Barreiro (Lugo, 1977) la estética ha jugado siempre un papel relevante en su vida hasta el punto de marcar su profesión de físico. «De niño me fascinaba la figura del científico ataviado con la bata blanca y las gafas redondas en su laboratorio», confiesa. Hoy en día se ha destapado como un auténtico gentleman, combinando con el mismo rigor su afición por los trajes bien cortados con su apasionamiento por la mecánica de fluidos y un talento innato para la comunicación. Quizá porque en el fondo le gusta jugar con lo inesperado como un factor clave cuando se trata de dar una predicción.

- ¿Cómo decide uno ser hombre del tiempo?

-Pues poco a poco. Yo estudié Física en Santiago influido por la profesión de mi padre, que es matemático y porque ya de niño me gustaba todo ese ambiente científico, aquel programa de la tele O mundo de Beakman que explicaba la ciencia de un modo divertido. Después, en la facultad, me interesé por la mecánica de fluidos, que es una parte de la ciencia muy vistosa, muy dinámica, relacionada con la meteorología. Y paralelamente, algunos de los profesores que me daban clase iniciaron lo que hoy es MeteoGalicia y empecé a colaborar con ellos. Y así... Un buen día surgió la posibilidad de hacer una sustitución en verano en la TVG y me presenté a un casting en el que solo éramos dos personas.

-Y lo cogieron.

-Sí. Es un perfil bastante específico, porque en realidad los meteorólogos suelen ser físicos o geógrafos. Gente que trabaja en explicar el porqué del movimiento de la atmósfera para poder predecir qué tiempo va a hacer.

- ¿Y es difícil de predecir?

-Sí, pero sobre todo hay que tener claro que más allá de dos días es imposible. Se pueden dar tendencias, pero no dar el tiempo con precisión.

- En este tiempo de intemperie que lo hayan fichado en la Primera es todo un éxito. ¿Qué cree que vieron en usted?

-¡Uf! Es una pregunta complicada. No lo sé, yo creo que me gusta mucho el trabajo que hago y creo que soy una persona muy responsable. Soy bastante trabajador, pero sobre todo el hecho de que te apasione hace que el trabajo salga bien.

- ¡Porque ya se había cortado la coleta!

-[Risas] Sí, aunque por ahí corren muchos rumores, la verdad es que me la corté cuando todavía estaba en la TVG y fue simplemente un cambio de estilo. La tenía desde los 18 años y a los treinta y pico ya era hora de dar otra imagen. Sin más.

- ¿Qué tiene que tener un buen hombre del tiempo?

-[Risas] Tiene que tener algo de personalidad, como todos, para no ser un mero busto parlante. Y como es una parte de la comunicación que requiere cierto tecnicismo, debe tener un equilibrio y saber transmitir con sencillez.

-Usted tiene fama de buen divulgador

- Es verdad que es una faceta que he ido mejorando con el tiempo. Yo mismo lo aprecio. Con la práctica, y si tienes autocrítica, vas mejorando. Pero es cierto que cada vez me gusta más divulgar y la docencia.

- Sus americanas están marcando un estilo. ¿Las elige?

-Tenemos un departamento de estilismo que nos viste, pero en función de nuestra personalidad. A mí me gusta mucho la americana, los complementos, pero todavía no me dejan poner pañuelo en el bolsillo de la chaqueta... Ya llegará. Toda la estética clásica masculina me gusta mucho.

-¿Es un «gentleman»?

-Bueno, no sé si tanto. Antes me gustaba mucho el estilo inglés, pero ahora he descubierto la moda del sur de Italia, con chaquetas mucho más desarmadas y pegadas al cuerpo, de telas finas. Son trajes impolutos. Me estoy aficionando mucho a la ropa a medida. Aquí, en Madrid, he entrado en contacto con varios sastres y colaboro con El Club del Aristócrata, un grupo de gente que está por rescatar la vestimenta clásica sin que sea rancia. No hay más que ver que los hombres mejor vestidos del mundo son italianos o ingleses. Hay que desterrar la vestimenta brillante de los actores de Hollywood y, con todo mi respeto, la de los futbolistas.

-No le gustó el esmoquin de Messi, entonces.

-No. Seguro que es muy caro, y entiendo que Dolce & Gabana buscasen la provocación...

-Pero que a un físico le guste la moda es casi como salir del armario, ¿no? Emperrados como estamos en asociar moda sobre todo a un determinado tipo de mujer.

-Vestir bien no está reñido con ser un físico. Aunque pueda parecer snob en la época en la que estamos, es todo lo contrario. Un traje a medida es más caro que un traje comprado, pero a la larga es una inversión. Creo que hay que volver a la esencia de las cosas para saber qué es lo que llevas puesto y qué significa.

-¿Le puede el romanticismo?

-Me encanta el otoño. Ese ambiente de nieblas tan recurrente en la escritura de la época victoriana, Conan Doyle, Poe... Cenas de esmoquin, «chaquetas para fumar» (smoking jacket) en los clubs y en las casas... Sí, quizás algo romántico [risas].

-En ese sentido, ¿es de los que se viste por capas por lo que pueda pasar? ¿Es previsor?

-Yo como tengo el pronóstico ya de mano, salgo listo de casa. Intento ajustar al máximo [risas].

-¿No tendrá un gallo de Barcelos en la estantería o algún truco casero?

-¡No! [Risas] Las meigas haberlas haylas, pero soy muy científico. Claro que a veces mirando al cielo de Santiago, y en función de cómo llegan las nubes, te puedo decir exactamente lo que tardará en llover.

-¿Llueve siempre a gusto de los mismos, de los gallegos?

-Hay una memoria histórica que sigue siendo tendencia. En un mapa de España solo caben un par de símbolos en Galicia, y puede, por ejemplo, que esté lloviendo en la costa y que en el interior haga un tiempo de lo más agradable. Por eso es muy difícil, ya no solo predecir, sino elegir los símbolos. Si se requiere una información más detallada conviene buscar en otros formatos: la autonómica, la información territorial. Yo apuesto por un tiempo más multidisciplinar, que combine espacios largos y cortos para explicar bien lo que sucede bien.

-¡Pero si dentro de poco acabarán por suplir al telediario!

-Es verdad que tenemos audiencia y que se ha ampliado el espacio, pero es por ese interés y porque contamos con más recursos. De todas maneras creo que a veces llega más rápido el mensaje corto y bien explicado. Hay que combinar los dos modelos...

-¿Quién le ha inspirado?

-No he tenido un modelo. Mariano Medina fue un precursor a la hora de explicar los mapas, pero no ha habido grandes avances en la comunicación, ha habido épocas en las cuales el tiempo ha sido un formato de tres minutos y sota, caballo, rey.

-¿Con todos esos términos gallegos que tenemos para la lluvia, le cuesta esa literalidad madrileña en que el frío es frío y el calor calor?

-Yo lo que peor llevo es la sequedad. Cuando me bajo del avión y respiro la humedad de aquí siento un placer que nadie entiende en mi entorno. A nivel respiratorio no me va bien el aire tan seco. Yo prefiero el ambiente más húmedo, las cosas huelen más.

-¡Va a ser cierto entonces que huelen las nubes!

-Sí, sí. ¡Claro que huelen! La niebla de Lugo huele peculiar. A mí me huele a frío, a humedad... A casa.

-Los gallegos nos dividimos entre los que confiamos en que el día al final «va a abrir» y los que no.

-Yo soy de los primeros. Soy un optimista. Sin duda, es la mejor opción.