Las «pop up» arrasan

SANDRA FAGINAS, ELENA FERNÁNDEZ

SOCIEDAD

MARCOS MÍGUEZ

«Yes», la revista gallega de gente, creatividad y tendencias, desvela los secretos de estas tiendas efímeras

19 jul 2014 . Actualizado a las 14:26 h.

Olvídense del mercadillo. Esta es otra historia. No hay más que verlas a ellas, a las creadoras de L'Eté, para entender que moverse por una pop up tiene que ser lo más. Las pop up son lo último. Son tiendas efímeras donde se mezclan productos y marcas pequeñas, de manera temporal y donde se busca escapar de la venta convencional para descubrir otras firmas. Lo cuenta Isabel Caamaño (la chica de la izquierda) y creadora de Mr Ce. Ella es una de las seis mujeres que han llevado este nuevo fenómemo a Sada (A Coruña), aunque se extiende ya por toda Galicia. De hecho, el último fin de semana se celebró en Nigrán la edición del segundo Chic Market. Una pop up diferente, con un toque hippy, ubicado en uno de los lugares de referencia de veraneo en las Rías Baixas. Eso es lo que llevó, según explica María Montero, a situarlo allí para reclamar la afluencia del público, especialmente femenino, que de esta manera original combina la posibilidad de irse de compras sin moverse de la playa. En esa idea excelente de mezclar también la mejor decoración con marcas nuevas y atractivas. Con un toque asilvestrado.

Es lo mismo que han conseguido llevar a cabo las chicas de L'Eté: en pleno paseo marítimo de Sada han transformado su showroom con el encanto de la inspiración de los años veinte. Y en la pizarra que les sirve como presentación han colocado sus sellos: La hija de la bailarina rusa, que ha creado Victoria Castro; Van Bay, que lleva Isabel Vázquez; The TriptyProject, de Belén Vallina; Squirrel Row, de Adriana Rey; Pipa y Pepa, de Eva Rodríguez y la mencionada Mr Ce, de Isabel Caamaño, son las marcas que se han podido encontrar aquellos que la han visitado.

Un estilo propio

«Queríamos crear un lugar cómodo combinado con una imagen modernista, con un estilo muy personal -explica Isabel-, porque en realidad todas somos amigas y nos conocemos a la perfección». Ellas no se cierran a otras firmas. Al contrario. Las inivitan con un precio razonable, porque las pop up se mueven ya como negocio.

Hay creadores y diseñadores que están empezando, en la mayoría de los casos son creaciones artesanales, y es un producto exclusivo que llama el interés del público. «La propia gente de Sada nos ha venido a agradecer que hayamos abierto una tienda así, por lo bonita que está y porque le da mucha vidilla al pueblo», dice Isabel. Entran con el ojo de la curiosidad porque muchos todavía no han visto algo así. «¿Qué es esto?», «¿qué vendéis aquí?».

En realidad lo que todas buscan es crear un plan perfecto para unas horas de ocio, que no sea solo un lugar en donde comprar o que únicamente se venda ropa. Por eso ofrecen talleres, degustaciones, música en directo... Quieren que la gente pase un buen rato, que sea dinámico y que sea un paréntesis divertido y no solo shopping.

Es de alguna manera lo mismo que han buscado los organizadores del Sunday Market, que todos los domingos ofrece el Hotel Finisterre, en A Coruña, por las tardes. No es una pop up en sentido estricto, pero sí se han apuntado al mix como fórmula veraniega. La nueva tendencia es no cerrarse solo a la ropa, sino tomar una copa o un refresco en un sitio idílico, pegado al mar y aprovechar ese entorno para ofrecer otra agenda al público. «A final se trata de una combinación de diferentes disciplinas, un poco de todo», comenta Rocío Vázquez.

Ella se ha encargado de la organización de este nuevo evento. En la terraza se han instalado cinco puestos, y todos muy variados: desde la repostería creativa al origami (plegado de papel). ¡Pero no todo es mercadillo! Te puedes encontrar a la gente tomando un mojito, escuchando música en directo, y a la vez recorriendo estos puestos que solo buscan impresionarte. «Parece que no estás en Coruña», dice Rocío. Porque de eso se trata. De que la emoción del verano nos arrastre de otra manera, como si de repente estuviésemos en otro lugar y en otro tiempo, dejándonos ir por lo que la calle empuja. Sin más rumbo que la desconexión. Ir de compras ahora es un gusto. Es un lujo. Los más jóvenes «se venden» así... Tienen su encanto.