Julio, cuatro años sin ducha y sin meterse en una cama

No quiere oír hablar de albergues y tampoco va al comedor social


pontevedra / la voz

Está tumbado al sol del mediodía enfrente del Hospital Provincial, en el portal de una antigua sucursal que ha convertido en su casa. Se le oye toser fuerte. Se le pregunta si le cogió el frío de noche -la temperatura bajó en la ciudad en la madrugada del lunes hasta un grado-, durmiendo a la intemperie, y responde: «¿Frío, yo? Eso es imposible. Aquí en el saco no siento frío. Hay cosas bastante peores en la vida», razona él.

No es difícil conocerle. No esquiva preguntas, aunque a veces responde a la gallega, preguntando. Se llama Julio y es de Pontevedra. En otro tiempo, y en otra vida, estuvo en Alemania, en Frankfurt. Habla de un trabajo en una imprenta. De otro en una empresa de transportes. De mujeres e hijos. Y de que un día acabó en la calle. No llega a explicar cómo. «¿Qué me pasó? Lo que a todos. Se nos tuercen las cosas, y aquí estamos», dice.

Dio vueltas por el mundo durmiendo en la calle. Y ahora lleva cuatro años en Pontevedra. Duerme siempre en el mismo sitio. Dice que antes se metía en el hospital. «Yo iba y ellos me echaban, siempre lo mismo», cuenta. Está de vuelta de casi todo. Por eso no quiere oír hablar de albergues. Ni siquiera va al comedor social. Tiene la barba sin cortar desde hace tres años, no ve la ducha desde hace cuatro... pero fuma Winston -que vale más de cuatro euros- así que uno no puede dejar de preguntarle por ello. «Pues mira, esto me lo regala la gente para que no recoja colillas. No quieren que vuelva a tener las infecciones que tuve antes», explica. Cuando ve que la conversación se acaba, abre un periódico. La prensa nacional ya la ha ojeado en un bar -está al día de toda la actualidad-. Pero él compra un periódico. Es el Bild. Le gusta leer en alemán. Devora hasta la última letra. «Tiempo no me falta», remacha con retranca.

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