Aletta Jacobs: Cambió la vida de las mujeres con un feminismo impropio de su época

En pleno siglo XIX luchó por la igualdad en la educación, fomentó el uso de anticonceptivos para el control de la natalidad y logró el voto para las mujeres en Holanda

Aletta Jacobs, Jane Addams y Alice Hamilton en su misión de paz en Berlín en 1915

Redacción 09/02/2017 18:46 h

Aletta Jacobs (9 de febrero de 1854 - 10 de agosto de 1929) cambió el rol de la mujer del mediados del siglo XIX y principios del XX con un feminismo impropio de su época. Su tenacidad a la hora de perseguir objetivos que consideraba de justicia, su arrojo para imponerse a las formas de pensar existentes en la época victoriana, y su visión adelantada de la vida abrió el camino para que poco a poco las mujeres ocupasen un lugar más destacado en el mundo.

A pesar de no tener el lugar en la historia que se merece, Aletta Jacobs será recordada siempre como una pionera del feminismo y una de las impulsoras de la utilización de los métodos anticonceptivos como forma de control de la natalidad. Y todo ello, a pesar de encontrarse con un férreo rechazo de hombres e incluso mujeres a sus métodos y su manera de pensar. Este jueves se celebra el 163 aniversario de su nacimiento y Google ha decidido rendirle su particular homenaje con un doodle por todos los logros conseguidos y las consecuencias para la vida actual. 

25 datos interesantes sobre Aletta Jacobs

Aletta Jacobs fue sin duda una mujer adelantada a su tiempo. No solo se convirtió en la primera mujer en acceder a la universidad y graduarse en medicina en Holanda sino que fue una pionera del feminismo, de la educación igualitaria para niños y niñas, de la lucha por el voto de las mujeres y del control de la natalidad. Y en gran parte, gracias a que sus padres nunca coartaron su manera de pensar.

Cuando Aletta Jacobs entró en la escuela secundaria, los estudios de las niñas se centraban en los idiomas, las artesanías, la música y las habilidades sociales que sirviesen para prepararlas para su papel de amas de casa, mientras que la historia, las matemáticas y las lenguas clásicas quedaban reservadas para los varones. Tras dos semanas asistiendo a clase, Aletta Jacobs se plantó ante tal discriminación y continuó sus estudios en casa.

Su padre fue un médico judío que despertó en ella el interés por la medicina, y consciente de las aptitudes y las ganas de aprender que tenía aquella niña de 13 años logró convencer al director del colegio local para que permitiera a a su hija asistir como oyente a la escuela secundaria propia de los varones. Se graduó y poco después se marchó a vivir con su hermano Sam, un farmacéutico del que aprendería la profesión.

Pero estos primeros pasos en pro de la igualdad entre mujeres y hombres no sentaron bien a todos los miembros de su familia. Aletta Jacobs era la octava hija de doce hermanos, seis mujeres y seis varones. Y precisamente de uno de ellos, de Johan, un suboficial en el ejército, llegaría el mayor rechazo hacia todo lo que perseguía según relató ella misma en sus memorias.

En 1880 aprobó el examen de admisión para convertirse en asistente de farmacia, unos estudios reservados para los hombres, por lo que tuvo que solicitar al ministro Thorbecke un permiso especial que le permitiese cursar estudios en la universidad de Groninga lo que la convirtió en la primera mujer en acceder a la universidad en Holanda y en una de las primeras en Europa. Aletta Jacobs se graduó en medicina en 1878 y se doctoró un año después tras hacer frente al rechazo enérgico de compañeros, profesores e incluso médicos.

Consciente de la desigualdad reinante en su época y de las dificultades a las que se enfrentaban las mujeres, sobre todo aquellas al margen de la sociedad como prostitutas e indigentes, Aletta Jacobs comenzó a pasar consulta de manera gratuita en lo que podría ser considerado el primer centro de planificación familiar de Holanda. Luchó para legalizar la prostitución, por fomentar el control de la natalidad a través de los anticonceptivos e incluso se propuso el objetivo de que los empleadores facilitasen banquetas a sus trabajadoras para poder sentarse en los momentos en los que no estuvieran atendiendo. Trabajó para mejorar y perfeccionar el diafragma del doctor Mensinga y lo distribuyó a pesar de la oposición que proclamaba que su uso llevaría a un mundo sin niños y a una economía devastada.

Pero si hubo una lucha que centró toda su vida y sus esfuerzos fue la de tratar de conseguir el voto para la mujer, que finalmente llegaría a Holanda en 1918. En 1903 Aletta Jacobs se convirtió en presidenta de la Asociación para el voto de la mujer y trató de extender sus ideas a través de viajes por África, Oriente Medio y Asia. En 1915 ayudó a organizar el primer Congreso Internacional de Mujeres que se celebró en La Haya y del que salió la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y Libertad, una organización que luchó por el fin del belicismo tras el estallido de la Primera Guerra Mundial y para fomentar la participación de la mujer en la escena pública internacional.

Aletta Jacobs falleció en un hotel en Baarn, una pequeña localidad en la provincia de Ultrecht, a los 75 años de edad en una visita a su amiga Rosa Manus, otra de las figuras importantes de la lucha por los derechos de la muejer en Holanda y el mundo.

Este jueves 9 de febrero se cumplen 163 años del nacimiento de una mujer que consiguió estimular el cambio social mucho antes de que tan si quiera fuese concebido. Médico, feminista, líder del movimiento por el voto de la mujer y activista de los derechos humanos, Aletta Jacobs marcó un antes y un después en la historia, en la vida de las mujeres y sirvió de inspiración global.

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